Eurocopa 2004 | España

El vuelo Oslo-Madrid fue una gran fiesta

El airbús de Iberia Oslo-Madrid fue una fiesta. Sí, una auténtica jaula de grillos con cánticos, bromas y brindis después de una victoria que ponía a España en el lugar que le corresponde.

<b>CINCO DE LA MADRUGADA</B>. Sáez despide a un sonriente Torres al llegar a Barajas.
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El Airbús de Iberia que trasladó a la expedición española en Noruega no habrá conocido nunca una fiesta igual. La alegría por la clasificación tuvo su máximo reflejo en tres horas y media de vuelo indomable, en el que mereció medalla de oro la paciente tripulación. Ciento veinte pasajeros decidieron sobreponerse a la intempestiva hora del despegue, casi dos de la madrugada en el gélido Oslo, para disfrutar tras una misión bien cumplida, al fin, por el equipo español.

La celebración tuvo su punto de arranque con un brindis de cava, que hizo más llevadera la espera de casi una hora dentro del aparato. Los noruegos quisieron vengarse pasando con parsimonia cada equipaje por rayos infrarrojos y la Selección llevaba no menos de mil kilos de material. superado este trance, asumió el mando el líder de los más jóvenes: Iker Casillas. En complicidad con Torres, Joaquín y Reyes se hicieron fuertes en las últimas filas, coreando las canciones que ellos siempre escuchan desde la grada, dando palmas y animando el ambiente. Un ‘buen rollito’ que contagió a los veteranos y al propio capitán, Raúl, que brindó con los chicos, contagiando con su felicidad a los Guti, Cañi, Etxebe y Luque.

Eran la tres de la madrugada y el Airbús sobrevolaba Francia. Sáez decide ir hasta la primera fila para compartir charla con Villar, Padrón y Gómez Angulo. Hay sonrisas, anécdotas y brindis. El mal trago ha pasado. Ya sólo se piensa en preparar la Eurocopa. Raúl hace un aparte con Sáez: tienen una complicidad increíble.

La Prensa ha decidido compartir jolgorio y no hay quien se salve de una broma. Los jugadores cantan, en broma, contra los periodistas. Y algunos deciden pasar a la perpetuidad dejando su autógrafo en la puerta de los servicios de cola del Airbús.

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Unas firmas con dedicatorias demasiado comprometidas, por lo visto, para que AS pudiera hacer una fotografía. El comandante del Airbús nos lo prohibió, apoyado por el director de relaciones externas de la Federación. La situación se torna muy tensa.

Son las cinco y cuarto de la madrugada. Aterrizaje feliz, aunque sin la foto recuerdo...

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