Su pateo, un talento automatizado
John Peter Wilkinson basa su éxito en la repetición una y otra vez de su patada. El resultado: un alto porcentaje de acierto: 89,7 y hasta un 91,5 en golpes de castigo

John Peter Wilkinson destrozó ayer a Francia con sus patadas. Algo que a nadie extraña, vista su estadística en 2003. Wilko es un obseso del entrenamiento, en el que automatiza la ejecución de la patada. Jonny, como le llaman sus compañeros, sitúa la pelota con mimo y con una leve inclinación, retrocede unos pasos (en función de la distancia a palos y la potencia que deba imprimir a la patada) y luego da dos zancadas al lado cerrado del campo (hacía la línea banda). Entonces coloca una mano hacia arriba, con la palma hacia el cielo. Pone la otra encima y coloca un pulgar sobre el otro. En esa posición se concentra por un espacio de cinco segundos, los que tarda en visualizar la patada, y posteriormente ejecuta el pateo tras coger aire. Le pega con las dos piernas indistintamente y el resultado siempre es el mismo: patada convertida.
Noticias relacionadas
Sus números son incuestionables: 89,7% de acierto. En golpes de castigo (conversiones o golpes) sube a 91,5. Su marca de drops (patadas a bote pronto que se ejecutan con el balón en juego), le baja algo, aunque es estratosférica para un golpe de tanta dificultad. En este apartado suma un 77,8%.
No había fallado una patada desde junio, hasta que erró ante los galeses. Y es el jugador que más puntos de media anota por partido con su selección: 15,42. Por encima de las marcas de los All Blacks Andrew Mehrthens (14,12) y Green Fox (14,02). ¿El secreto? "Automatizar la ejecución de la patada y sus movimientos. Por muy rápido que te lata el corazón, no deja de ser un movimiento que has repetido miles de veces. Es rutina". Drazen Petrovic lanzaba 100 tiros libres y 100 triples al acabar los entrenamientos. Wilkinson, no le anda a la zaga.