George Gregan Por Fermín de la Calle

El zambiano a quien Australia ama y odia

Los aficionados le idolatraban, pero ahora le detestan. El motivo, que George Gregan, jugador frío e inconformista, plantó cara al presidente ejecutivo de su federación y a menazó con no jugar la Copa del Mundo. Pero mañana será el director de juego del equipo australiano

George Gregan.
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George Gregan se ha convertido en la fijación de Nueva Zelanda. Este medio melé original de Zambia, en cuya capital, Lusaka, nació el 19 de abril de 1973, ha pasado de ser el capitán wallaby más admirado de la historia, por encima incluso del gran capitán aussie John Eales, a ser un jugador odiado por sus aficionados.

Frío como un témpano, analítico e inconformista, Gregan protagonizó un enfrentamiento con el presidente ejecutivo de la federación australiana de rugby, John O’Neill, que le granjeó las antipatías de su afición. Durante las negociaciones de las fichas de los seleccionados, Gregan se negó a admitir las condiciones federativas y amenazó con no jugar. En ese momento se desató una campaña en su contra, cuyo punto culminante fue una columna de opinión de un ex jugador australiano que título "Adiós, George".

En ella decía textualmente, "si no luciera el brazalete, Whitaker le quitaría la titularidad". Eso no alteró al jugador, que sólo se ha perdido nueve partidos de la selección nacional en nueve años. El "Adiós, George" caló entre sus detractores, y las gradas de los estadios se poblaron de pancartas con el eslogan.

Gregan reavivó el fuego con unas declaraciones después de ser criticado por dormir con su esposa Erica en el hotel de concentración una noche antes de un partido. Se le acusó de falta de profesionalidad y de no sentir respeto por la camiseta ni pasión por el rugby. Gregan fue contundente: "La pasión no tiene sentido en el rugby". Esto encrespó a los veteranos que habían vestido o entrenado al equipo y Peter Fitzsimmons le dedicó unas duras palabras ("Ese tipo cree que el rugby es una ciencia. Se equivoca"). Gregan, de nuevo, restó importancia al tema con una respuesta concluyente: "Lo que pasa es que a Fitzsimmons le gusta demasiado escuchar su voz".

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El asunto es que mañana Gregan dirigirá el juego de los wallabies en su Mundial. Especialmente el de Latham, el jugador con el que mejor se entiende dentro y fuera del campo. Cuando George se quita las botas, atiende junto a su mujer los cuatro cafés ‘Espresso’ de los que es dueño en Sydney. Un día, acusado por un renombrado periodista de desplegar un juego lento en la circulación del balón y de frenar la llegada de la pelota a los alas, el zambiano respondió irónicamente: "¿Usted cree que alguien que tiene un local que se llama Espresso puede ser lento?".

Genio y figura. Eso sí, el día que cuelgue las botas, puede que no le vuelvan a ver el pelo por Australia, porque le encanta viajar.

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