Nueva Zelanda quiere vengarse de Australia
La fallida organización conjunta y la semifinal del 91, afrentas pendientes

El sábado el Olimpo maorí tendrá trabajo. Sus muchachos se medirán a Australia en la guerra del Quinto Continente. El enfrentamiento servirá de ajuste de cuentas pendientes.
Oceanía lavará sus trapos sucios ante los ojos del mundo entero. Y lo hará, como no podía ser de otra manera, con un balón de rugby de por medio. Los neozelandeses, dejados a última hora en la estacada por los australianos para organizar el Mundial, claman urgente venganza. Lo dijo Tana Umaga, su ausente capitán: "Nos vengaremos y lo haremos dentro del terreno de juego".
Los dos países estudiaron presentar un proyecto conjunto, como en el año 1991, pero los wallabies optaron por una candidatura individual en el último momento, lo que dejó a la federación neozelandesa sin ningún margen de reacción. De ahí que estos días, mientras Nueva Zelanda invoca a los todopoderosos dioses maorís, se haya desenterrado el hacha de guerra. Los All Blacks salen de caza.
El precedente. Pero no es la única cuenta pendiente. Existe un precedente entre aussies y All Blacks en semifinales de un Mundial. Fue en el año 1991, en el mítico estadio de Landsdowne Road. Dublín. Territorio celta. Dos superclases como el neozelandés John Kirwan y el australiano David Campese lideraban a sus selecciones.
Los All Blacks llegaban con la vitola de campeones del mundo, un título logrado en territorio partisano. Más concretamente, en Auckland. Aquella tarde David Campese le ganó la partida a John Kirwan. Logró un ensayo, marcó el tiempo del partido, frenó con sus placajes las acometidas rivales y asistió a Tim Horan en la jugada del segundo ensayo con un pase por la espalda, a lo Magic Jonhson, más propio del baloncesto que del rugby.
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El encuentro acabó con victoria aussie por 16-6. Los de Campese salieron más que reforzados del duelo oceánico y después tumbaron a Inglaterra en la final en Twickenham (12-6). Nueva Zelanda acabó en tercera posición.
Este sábado la haka All Black tendrá más sentido que nunca, será más fiera que en otras ocasiones. Sus motivos tiene. Sobre todo, la necesidad de revancha. Pero a los australianos, que ya están acostumbrados a ella, les intimida lo mismo que un francés ante una bulería. "Suenan los tambores, ruge el mar, tiembla la tierra...Hay rugby. En Oceanía..."