Dani: del abrazo a la bronca del socio
El presidente ha pasado de la euforia a ser abucheado en Montjuïc

Con el mes de julio agonizando, el Espanyol seguía en Peralada embelesado con su renovada calidad y fortaleza. El equipo ganó a Banyoles y Peralada (dos Terceras), y las continuas visitas de directivos (Dani, Condal, Perelló) a la concentración del hotel-golf otorgaban al grupo un empaque casi inigualable.
No obstante, en la noche del 30 de julio, el esperpento se adueñó de la concentración. Desde Montjuïc llegaban noticias sobre el inminente fichaje de Jordi Cruyff. Todo estaba hecho, pero el inconveniente de ser hijo de quién es y de haber crecido en can Barça provocaron un cisma dentro del órgano decisorio. Javier Clemente, en presencia de los enviados especiales de la prensa, atendió la llamada de Sánchez Llibre. "Le quiero en mi equipo", debió de decirle, ya que su postura pesó más que cualquier otra. A las dos y media de la madrugada, Joan Collet daba oficialidad a la contratación de Jordi. Fue, sin duda, una historia bufa de un fichaje que todavía no ha dado ningún resultado.
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Dani estaba exultante. "La gente me felicita por el equipo que tenemos", confesó tras el triunfo ante el Peralada. "Espero un año plácido". El 2 de noviembre pasado, la afición de Montjuïc le reclamó la dimisión. Nada más lejos de la realidad, y bien que le pesa. Mientras, el director general Josep Lluís Marcó trataba de cuadrar el presupuesto. Los tres millones de ahorro representaban otro avance hacia el déficit cero, pero quizá significaba otro argumento para los que le echan en cara todos los males de ser último en la Liga. Recorte en materia deportiva que, pasados los meses, se han traducido en un mayor gasto en despidos y contrataciones (ver Clemente y Luis Fernández).
Se marchó Arteaga sin poder despedirse
Moisés Arteaga se vistió de calle para acudir, el 31 de julio, al vestuario de Montjuïc. No era para ponerse en forma, sólo tenía la intención de recoger sus pertenencias, las mismas que le habían hecho grande en un club al que llegó en 1993. Un ascenso, la UEFA, el título de Copa del Rey de 2000 están en su palmarés... Y Clemente no tuvo ni la delicadeza de dejar que se despidiera de su afición. Eso es algo que el gaditano jamás olvidará. Se marchó con buenas palabras, y su "hasta siempre" dejo de nuevo al descubierto la deshumanización del Espanyol. Ya no hay respeto por nadie, ni siquiera para un hombre que lo dio todo por la institución. Ahora nadie se acuerda.