Humillados por Reyes
Queiroz desquicia al Madrid. El Sevilla, fabuloso. Pavón, perdido en el lateral. Rubén, falso culpable

Dice un compañero que el verdadero cuento de hadas no lo ha vivido la bella periodista sino el señor que le llevaba los pivotes a Ferguson y que acabó siendo el entrenador del Real Madrid. No hay nada que reprochar a quien tiene suerte, la vida está llena de personajes a los que el azar sitúa en los puestos más insignes. El problema es cuando el elegido por la fortuna se jacta y hace versos, cuando piensa que se hace justicia a su desbordante talento, olvidando que, tal vez, su principal mérito es que le quedan bien las corbatas.
Cuando el Real Madrid necesitó un entrenador, cuando las bajas hicieron necesario quitar el piloto automático, cuando hubo que tomar decisiones, tampoco muy complicadas, no crean, en ese preciso momento, Queiroz, horror, tuvo una idea genial. Llevaba mucho tiempo huyendo de
los canteranos del banquillo, por eso apenas daba minutos a Portillo y a Borja y por eso se inventó a Raúl Bravo de central, para evitar a Rubén.
Ayer la lógica indicaba que debía alinear a Olalla para sustituir a Salgado, lateral derecho por lateral derecho, ningún cambio más en la defensa, Pavón y Helguera en el centro y Raúl Bravo por la izquierda. Si ante la ausencia de un titular no cuentas con el suplente directo terminas por aniquilarlo, por matar su ilusión y su confi anza, y para entender esto no hace falta leerse las obras completas de Freud, ni siquiera las de Saramago.
Pues Queiroz apostó por Pavón como lateral derecho y quebró así la sucesión lógica. No sólo se equivocó, sino que fue torpe, porque nadie le hubiera criticado en el caso de que el joven Olalla hubiera hecho un mal partido. Los futbolistas se descubren jugando. Y así los descubre también el fútbol y el mundo.
El caso es que Pavón fue devorado por Reyes, un jugador sufi cientemente grande como para buscar un antídoto, como para tener un plan contra él. La merendola comenzó a los 55 segundos, la primera vez que le dejó sentado. La primera de mil.
Pero antes de continuar la autopsia quisiera hacer un inciso: el desastre del Real Madrid no se puede achacar únicamente a un error técnico concreto, ni siquiera a la fabulosa exhibición de raza del Sevilla. Hacía varios partidos que el equipo ganaba por guapo, no olvidemos que
fue zarandeado por el Racing y por el Athletic. Y cuando ganas de milagro acaba siendo un milagro que no pierdas. Todos aquellos viejos vicios que provocaron el cambio de entrenador se repiten ahora: el equipo se rompe por el centro, vive de las genialidades (y del Bernabéu) y es incapaz de sobreponerse a los partidos guerrilleros que carecen de premio directo, copas y demás.
A los seis minutos, el Madrid perdía 1-0. Rubén despejó de cabeza, el balón golpeó en Helguera y la pelota acabó en la red. Mala suerte. No
fue un error de nadie, aunque todos intuimos, no sé por qué (o sí), y en especial el interesado, que le iban a echar el muerto a Rubén.
A los siete minutos el Madrid perdía 2-0. Daniel Alves, magnífico, roba a Zidane, Reyes conduce el contragolpe, otea el horizonte, y asiste a
Darío, que marca. En el tiempo que transcurre hasta el siguiente gol, el Madrid se limita a patear a Reyes, al que identifican como el bueno. A los 15 minutos el Madrid perdía 3-0. Pared de Daniel Alves con Antoñito y el brasileño que se anticipa a Casillas.
Discusión. El tercer gol provocó la discusión entre Iker y Guti, agria, cada uno culpándose de lo sucedido y los dos culpables, uno por llegar tarde y el otro por no hacerlo nunca. En esos gestos se descubre que un equipo no tiene jefe o que si lo tiene es fácil que deje de tenerlo. Esa imagen resumía el sentir del resto de los jugadores: así es imposible y como es imposible, no cuenten conmigo. Todos tenían una excusa, no me llegan balones, no juego en mi sitio. Todos, menos Rubén.
En el minuto 26 Queiroz sacó a Solari y retiró del campo a Rubén, señalando al canterano como el responsable de todos los males. Nunca un entrenador debe hacer un cambio así, ni siquiera aunque el muchacho hubiera metido los tres en propia puerta, que no era el caso. Ese marrón deben asumirlo todos, empezando por el técnico, que era el principal culpable. Porque en situaciones como la de ayer la única opción digna es morir todos juntos. Fue una sustitución cobarde, acusica, nerviosa. Y sobre todo, absurda, porque Pavón siguió de lateral derecho. Rubén se puso a llorar en el banquillo.
Sin respuesta. El Madrid daba zarpazos, pero como un viejo león pulgoso rodeado de lobos, porque el Sevilla era el dueño absoluto del partido, por su actitud, por su presión y, sobre todo, por su ilusión. Aunque también por su talento. Reyes humilló otra vez a Pavón, le
robó el balón como si fuera un juvenil, y asistió a Casquero, que fusiló a placer. Era el cuarto y Casillas ni se tiró. Queiroz, espabiladísimo, descifró el enigma y quitó a Pavón de la derecha y puso a Raúl Bravo, que es zurdo cerrado. Faltaban siete minutos para que acabara la primera parte.
En la segunda mitad, el Sevilla se concentró en dejar pasar el tiempo. De otro modo el resultado hubiera sido aún más escandaloso. Pero ni esa tregua sirvió al Madrid. Llegó más a la portería, es cierto, pero sólo Ronaldo tenía peligro, seguramente porque es el único capaz de abstraerse de todo lo que sucede a su alrededor, ya sea bueno o malo. Ronie marcó de tiro cruzado, él vive en su mundo de ponys con alas.
No sirvió de nada ese gol, ni siquiera para soñar: los equipos que no creen en sí mismos no se plantean proezas, piensan cómo echar al entrenador. Por eso el encuentro se fue escurriendo entre genialidades de Reyes (galáctico habemus), ocasiones variadas, una clamorosa de Casquero, y la intervención de un árbitro sacado de Cuéntame, bigote sospechosísimo, que expulsó a Guti con motivos y a Darío Silva sin ellos, porque debió pensar que una cosa es ser honrado y otra justiciero, nunca se sabe cuándo nos volveremos a encontrar.
Queiroz, entrenador del Real Madrid, disparó ayer contra los Pavones, que son la mitad del lema del club. Con el tiempo veremos si ha habido muertos o sólo heridos. También sabremos si el técnico no se ha disparado en el pie o si la próxima goleada en el Bernabéu volverá a salvarle.
Fue en un partido soberbio del Sevilla, que pasará a la historia y que confi rmó la inmensa categoría de Reyes, uno de los mejores futbolistas del mundo, con él ya no se puede ser prudente, lo mismo ocurre con Queiroz.
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EL DETALLE: Tristante Oliva dio la nota
Tristante Oliva se convirtió en protagonista negativo del choque. A pesar de que el encuentro ya estaba resuelto a los 15 minutos con el 3-0 que le había endosado el Sevilla al Madrid, el colegiado murciano se complicó la vida y mostró 16 tarjetas, incluidas dos rojas y las amarillas a Caparrós y al delegado del Sevilla.