El Madrid lo tuvo fácil pero acabó sufriendo
La gripe y las ausencias (Racca, Gomis) lastraron mucho al Breogán, que pese a ello asustó en el último cuarto.

La mayor ovación de la noche sonó cuando Lamas ordenó a Roberto Núñez que entrase en pista para relevar a Bennett (29-16, min. 21). Alborozo en la parroquia madridista ante el debut del base madrileño, inédito en los nueve partidos anteriores. Núñez encesta un par de triples, dirige bien, defiende bien, da buenos pases y el Real toma ventaja superior a 20 puntos (47-26, min. 27). Julio Lamas decide tomar medidas. Núñez vuelve al banquillo y no juega un minuto más en todo el encuentro.
Perdone usted, don Julio, pero no lo entiendo. Si hubiera sido para dar también minutos a Victoriano... Pero Lucas no compareció en pista, aunque no estaba lesionado. Sólo me queda una posible justificación: había que poner a prueba la rodilla maltrecha de Bennett. Eso, eso, que sufra. ¿Por qué ponérselo fácil ante el debut del martes en Copa ULEB?
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Misterios al margen, la historia del partido es que no tuvo historia. Lesionado aún Kambala, el Breogán se libraba de un tormento en su visita al Pabellón, pero tenía graves problemas propios: la epidemia de gripe que atenaza a media plantilla y las lesiones que lastran a la otra mitad. Así las cosas es comprensible que cedieran diez puntos en el primer cuarto (26-16), y el partido feneciese incluso antes de llegar el descanso (56-30, min. 19).
Fue entonces cuando el Madrid demostró que aún no tiene instinto asesino, que no conoce el catecismo de Ferrándiz ("Un grande no se limita a ganar: destroza si puede"). Ante un rival entregado, renqueante, en vez de ensañarse optó por la relajación. El Breogán, en cambio, sacó a relucir el orgullo, Casadevall convenció a sus jugadores de que debían evitar la paliza y ellos respondieron positivamente. Pese a no disponer de dos titulares básicos (Gomis, director de juego, y Racca, su mejor artillero) el cuadro lucense ganó el tercer período por un concluyente 14-27 y en el último cuarto sembró la alarma entre el público madridista, al acercarse un par de veces a cinco puntos. Dos honestísimos suplentes, Ricardo González y Esteban López, fueron los artífices de la remontada (81-76, min. 36). Por suerte para el Madrid, al Breogán se le acabó la gasolina y en los cuatro últimos minutos se restableció el dominio blanco. Con los veteranos Bennett, Herreros y Alfonso Reyes tirando del carro, el Real salvó el resultado. Sonseca, que al fin tuvo minutos de calidad, y Mumbrú, válido en los triples (exclusivamente), echaron una manita. Otro encuentro para el olvido. Empiezan a ser demasiados.
