Primera | Deportivo 2 - Real Sociedad 1

Vitamina Djalminha

Las ganas del brasileño en su retorno despertaron al Depor. El realista Jauregi se metió dos goles en propia puerta

<B>PROVIDENCIAL</B>. La aparición del brasileño Djalminha levantó el ánimo del equipo y el de la grada y posibilitó la remontada del Depor.
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Alrededor del Deportivo siguen ocurriendo cosas muy raras. Ayer ganó a la Real y se situó líder gracias a las contagiosas ganas de Djalminha (regresó 18 meses después) y al acierto de Jauregi (dos goles en propia meta). Las meigas siguen causando estragos.

Rostros ojerosos, mal afeitados y serios, con esta guisa compareció el Deportivo en Riazor. Mejor dicho, convaleció. Sus constantes vitales eran tan débiles que Molina tuvo que aplacar un par de avisos realistas en las presentaciones (el primero en una llegada de Karpin y el segundo, tras un disparo de Nihat).

Los blanquiazules deambulaban por el campo en esos minutos iniciales, en los que practicaban un fútbol anestésico, cargado de bromuro. Los síntomas del post-operatorio no desaparecieron con el paso de los minutos. La Real Sociedad, contagiada, no ofrecía mejor cara. Insulsa y estéril, sólo amenazaba fútbol cuando el balón se citaba con Xabi Alonso en la medular o si acompañaba a Nihat en sus estampidas hacia el área rival. Poco, muy poco.

Ante la indolencia generalizada, Mauro Silva trató de despertar al personal con un disparo ajustado. Y lo hizo. Pero la que se desperezó fue la Real. Nihat, futbolista tan afilado y fronterizo como Giuly, tomó dos metros a Andrade en la arrancada, lo justo para abrochar un disparo malintencionado junto a la cepa del poste. Otra cornada en la misma herida y peligro de sangría.

El cambio. Ante la mala pinta del enfermo, Irureta envió a Djalminha a calentar, lo que encendió el ánimo de la grada. Mientras, la Real evidenció que su mejoría es un hecho. Bien plantada y coherente, entregaba el balón a Xabi Alonso, los espacios a Nihat y los centros a Kovacevic. Bajo estas premisas, las ocasiones comenzaron a gotear del lado donostiarra.

El segundo tiempo no presentó novedades. Nihat malogró una ocasión porque se durmió (normal, en un ambiente tan soporífero). La Real era un acordeón: se abría para atacar y se cerraba para defender. El Deportivo, un futbolín (las botas les pesaban un quintal). Luque inauguró su carril con un par de diagonales, pero era insuficiente. Ante eso, Jabo apostó por la chistera de Djalminha ante la flácida varita de Valerón. Junto al impredecible brasileño, Tristán dejó su sitio al corajudo Pandiani.

La apuesta atrincheró a la Real en su campo que, convencida de la esterilidad coruñesa, subestimó las opciones locales. Los espacios se multiplicaron para Nihat, pero Xabi Alonso no tenía noticias de la pelota. Djalminha obraba como reconstituyente. De hecho, el Ronaldinho de Riazor empujó a sus extremos 15 metros y Pandiani dispuso de dos ocasiones antes de que Capdevila sirviera un incómodo centro al área, que Jauregi envió al fondo de su meta. El empate le pareció bueno a Denoueix, que se disfrazó de Queiroz (o quizás de Cúper) y quitó a Nihat, su Ronaldo. Antes había quitado a Darko (?).

Y quien quiera que maneje el fútbol (Villar no), se acordó de las penurias que sufrió injustificadamente el Depor en Mónaco. Y en un córner lanzado por Djalminha, Pandiani marcó los cuatro tiempos. Los tres del remate y el cuarto, el de Jauregi, que marcó, de nuevo, en propia puerta. A veces el fútbol es justo. Y casi siempre, inexplicable.

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EL DETALLE: Al Jazeera televisó el encuentro

La cadena televisiva árabe Al Jazeera se acreditó anoche en el estadio municipal de Riazor para ofrecer el encuentro entre deportivistas y realistas.

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