¿Qué hacemos con Ibagaza?
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N os pasamos largos meses, incluso años, suspirando por contar con sus servicios. El ferviente deseo de reverdecer la ilusión nos hizo creer que en sus botas estaba la solución a todos nuestros males. Craso error. El equipo disfruta sin él de una de las mejores rachas de los últimos años. Jorge, un novel, de indudables cualidades, ha conseguido que nadie añore al talentoso argentino. El chaval ha constituido una letal sociedad con su coetáneo Torres y se ha reivindicado como insustituible. También en los estados de bonanza a Manzano se le plantea una desquiciante disquisición. ¿Seguir apostando por Jorge en detrimento de Ibagaza o recomponer las filas para hacer sitio al ex mallorquín? Diatribas por exceso para mantener el lustre de nuestro dulce momento de juego y resultados.
La ansiedad con la que casi todos contemplamos la dubitativa marcha del equipo en el arranque liguero nos obliga a reconocer la pausada labor de Manzano. Nunca perdió los nervios ni la confianza en sus posibilidades y en las de sus jugadores. De las situaciones difíciles, complicadas por las lesiones, ha hecho virtud. Ahí está el aprovechamiento sacado a Simeone o al citado Jorge. De los errores tácticos ha sacado el aprendizaje debido. También es digno de alabar, desde el silencio del ex presidente Gil a la tranquilidad de su sucesor Cerezo, que nunca perdió la fe por mal que vinieran dadas. De la actitud de todos ellos hay que reafirmar ese dogma que reivindica las ventajas de saber esperar. La impaciencia, por justificada que esté, es mala consejera. Lo reconozco.