Esperpéntico
Paliza del Mónaco al peor Depor en años. A Molina le metieron cinco y no volvió tras el descanso por problemas estomacales

Es complicado de explicar, pero intentaré hacerlo. ¿Saben ustedes esos partidos que jugábamos en el colegio en los que nadie defendía y se marcaba cada vez que se llegaba a una portería? Pues algo parecido ocurrió en Mónaco. Con 4-0, el ridículo era mayúsculo, pero dos goles del Depor hicieron albergar esperanzas. Si el primer tiempo fue un esperpento, el segundo no lo fue menos. Dos goles en tres minutos del Mónaco dramatizaban la dimensión de la derrota hasta límites insospechados.
Tiene mérito conseguir que a la media hora de partido la aristocracia monegasca, incluido el Príncipe Alberto, se levante enfervorizada haciendo la ola. Pues eso lo consiguió el Deportivo ayer, que se fue al descanso con ¡cinco goles! encajados. Y tiene mérito porque alguien que tiene un yate, un Ferrari y una mansión no debería preocuparse por los pequeños placeres de la vida (y el fútbol es uno de ellos). Pero el esperpento del Depor, con mención especial para su zaga, hizo perder las formas a los habitantes de este acaudalado paraje.
Una camiseta gafe. Todo empezó mal. El Deportivo saltó al campo estrenando una camiseta naranja, de dudoso gusto estético. En la primera media hora, como alguien dijo, en lugar de la naranja mecánica, parecía la castaña mecánica. La soberana torrija deportivista manifestó su primer síntoma a los dos minutos, cuando Manuel Pablo regaló un balón a Rothen, que éste aceptó gustoso para convertir el primer gol. Quedaba mucho, pensaban en el banquillo de Irureta. Y era cierto, pero no sabían cuanto. A los diez, la defensa, que sigue jugando en el alambre, saltaba por los aires cuando Bernardi servía un balón al espacio, donde apareció Giuly para marcar. Pero lo peor estaba por llegar. Un testarazo de Prso en un córner en el que alguien se olvidó de marcarlo y un remate del croata en una jugada de patio de colegio ponían el 4-0 en el tanteador. Un ataque de rabia permitió al Depor anotar dos goles y meter el miedo en el cuerpo al Mónaco, hasta que Prso marcó su tercer gol cuando el primer tiempo atardecía.
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El segundo tiempo estuvo a la altura del primero. Fue un calco, pero con Munúa de portero, porque Molina se retiró al descanso aquejado de unos problemas estomacales, que ya venía arrastrando desde algunas horas antes del encuentro. Al minuto, marcó Plasil y a los tres, otra vez Prso (al que ayer hizo galáctico el Deportivo). Con 7-2 en el marcador, a Tristán, harto de frotar la lámpara, le salió el genio y marcó el tercero. Una obra de arte parida en medio de un naufragio absoluto. Sólo restaba retirarse con dignidad, algo difícil después de recibir siete, bueno ocho (Cissé se apuntó a la fiesta con un zapatazo) goles en contra. El último viaje de Lendoiro en Europa fue a Londres (el Arsenal le metió otros cinco tantos). Debería pensarse lo de viajar con el equipo. El Deportivo vivió su noche más negra. Lo bueno es que nada está perdido. Salvo la dignidad. Creo.
El detalle: Nuevo récord de goles
El Mónaco-Deportivo es el partido con más goles desde que nació la Champions. Además, ningún equipo había encajado ocho tantos.