Ejemplo de seriedad
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A veces, en el fragor galáctico, de Luis Figo hemos perdido la perspectiva. Y no es más que por la tendencia general de sentirnos atraídos por lo novedoso, antes que por un posible desgaste del portugués. Es injusto llevarle a segundo plano, desenfocado por la irrupción brutal de Ronaldo y después de Beckham. Figo fue el primero de los hombres fuertes de Florentino, el jugador que abrió brecha en el nuevo sistema madridista, y un ejemplo de formalidad y entrega por el color blanco.
Figo no es hoy el Figo ligero, driblador, fantasioso de hace tres años y pico. Claro, es la naturaleza. Y no somos pocos los que durante tiempo le pusimos en jaque por saltar al campo sin posibilidades de éxito, engañándose a sí mismo con un tobillo maltrecho. Pero el portugués supo madurar y ha cambiado su inicial fútbol de impacto por otro modelo más bravío, más colectivo y comprometido. Ha sabido ganarse a la afición en una justa medida. La que le convierte en titular indiscutible, en líder del núcleo central del vestuario y en un futbolista respetado por el exigente tendido de Chamartín. Figo fue una apuesta a vida o muerte de Florentino. Le ganó unas elecciones. Sobre su estela se construyó el equipo que hoy deja boquiabierto a medio mundo. Tiene méritos acumulados para dignificar la camiseta número 10 del Real Madrid. No es un chaval, ni falta que le hace para tener su sitio en la Galaxia.