El Zaragoza de siempre

La primera y obligada consideración al gran partido del martes por la noche en La Romareda es que el Zaragoza, este Zaragoza, está muy por encima de su entrenador. Lo está el equipo y también los futbolistas, que en el encuentro más exigente de todos los posibles decidieron quitarse el corsé del miedo y mirarle al Madrid a los ojos, sin renuncias previas, sin el temor de un segundón. No fue nada extraordinario, simplemente volvió el Zaragoza, el Zaragoza de siempre, el que todo el mundo estaba esperando. Ese equipo que prefiere jugar bien en La Romareda antes de sacar un buen resultado practicando el fútbol cutre. El estandarte de la apuesta por el arte.
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Sí, regresó el equipo de siempre, esa forma de encarar los partidos y de interpretar el fútbol que no necesita de explicación para ningún zaragocista. Se ha transmitido de padres a hijos desde los magníficos y se ha impuesto como un estilo irrenunciable. El Zaragoza, lo hemos dicho muchas veces, tiene un equipo interesante, mucho más del que su entrenador cree. Sólo falta que Flores se deje de probaturas y se anime a buscar un once, el más sólido y de calidad, para que los movimientos se automaticen y el equipo empiece a funcionar. Y yo creo que este Zaragoza se puede quedar en Primera.
Le falta cuajo, cierto aprendizaje y otros tres o cuatro buenos futbolistas, pero no está hecho para andar con miedos ni renuncias. Y se pudo ver frente al Real Madrid, donde se elevó Milito como un gigante. Su partido fue sencillamente colosal, magnífico. Y por ahí hay que darle otra vez las gracias al médico del Madrid que vio en su rodilla un inconveniente definitivo.