Combate sin pegada
Asedio inútil del Madrid, que jugó con diez 19 minutos por roja a Pavón. Milito, bien. Ronaldo, mal

Podemos hablar del buen fútbol a ratos, de los palos, de la entrega y de los pececillos de colores, pero el Real Madrid perdió dos puntos y el Zaragoza ganó uno, porque no se encontrará la galaxia muchas salidas como esta, rival abierto y sin pegada, y un partido roto cuando aún faltaba la mitad, campos por delante y tiempo para pensar.
Lo más sorprendente es que no hubiera goles. En este sentido Ronaldo jugó un papel primordial, y no sólo por su proverbial laxitud. Corría el minuto cuatro cuando un cañonazo de Roberto Carlos encontró un sorprendente hueco en la barrera. Cuando el balón silbaba camino de la portería se estrelló en la barriga de Ronaldo, que paseaba por allí con un cierto despiste, como si estuviera escribiendo un soneto o recogiendo setas. Ni qué decir tiene que Ronie quedó medio descoyuntado y dio hasta un poco de pena porque él no se estaba metiendo con nadie, si acaso en fuera de juego.
No era su noche: minutos después, Ronaldo fue agarrado por Álvaro en una de sus pocas incursiones en el área. Penalti de estrangis, pero penalti. A Rafa se le hubiera dislocado el hombro de la emoción.
Después de varias ocasiones falladas, algunas hasta con un punto de torpeza, porque no está en forma, Ronaldo fue sustituido a falta de 14 minutos para el final. Se retiró del campo con cara de revolución, con ojos de haber visto a Cúper. Nada que objetar al cambio si hubiera entrado otro delantero, Portillo, alguien capaz de rematar un partido que en ese momento se inclinaba descaradamente a favor de los visitantes. Pero Queiroz sacó a Solari. Hay ciertas frivolidades que no puede permitirse un entrenador del Real Madrid.
La mejor ocasión del Zaragoza fue un tiro al palo de Galletti, en una magnífica jugada que se inventó el ex madridista Corona, un futbolista muy interesante, técnico, listo, de los que ven pasillos.
Tiene buenos jugadores el Zaragoza, pero la mayoría son livianos, sin excesiva pegada, más de tocar las maracas que de cantar los boleros, y eso le convierte en un equipo muy expuesto, incapaz de cerrarse. Como tampoco cuentan con un delantero centro (Villa no lo es), su vida se desarrolla entre susto y susto.
Savio es un buen ejemplo de lo que digo; se trata de un futbolista con talento pero insustancial, con un problema grave para quien sólo entiende el juego arrimadito, porque siempre le cazan. Tiene clase y es hasta posible que regate, pero vuela con un retraso de dos décimas de segundo que es el tiempo que necesitan los defensas para comérselo con patatas (o con patadas). Acaba los partidos más sacudido que una estera, y pese a todo el chico insiste; es como si a un banderillero le arrancaran un jirón en cada par y el hombre repitiera pese a tener el pecho como el Zorro. Es encomiable, pero inútil. Y arriesgado.
Novedad. Lo olvidaba, Queiroz puso a Guti de titular, tal vez porque no llovía, o por el moncayo. El cambio aportó imaginación y es difícil saber si algo más, porque Helguera lo abandonó a su suerte, es evidente que no le apetece jugar en el centro del campo y que se queja así.
Pese a no tener compañía, la segunda parte de Guti fue la que terminó de desequilibrar el partido. Especial mérito tuvo un pase que dejó solo a Raúl, pero Láinez estaba acertadísimo y Raúl como hace nueve años: hiperactivo, pero sin gol. Poco antes Láinez había rozado con los dedos un chutazo de Roberto Carlos que acabó en el poste.
Aunque Pavón fue expulsado, los últimos minutos del Madrid fueron un asedio. Pero ni siquiera entonces el Zaragoza se encerró en su área, tantas son sus ganas de jugar al fútbol y tanta su confianza en Milito, que ayer se bastó para ahuyentar el peligro. Ponzio rondó el milagro en una contra. Pero el partido no tenía pólvora, quién lo diría. Tal vez porque pesa más el instinto de supervivencia que el instinto asesino.
Noticias relacionadas
Helguera jugó pese a estar lesionado
Iván Helguera reveló en El Larguero, minutos después del partido, que no estaba en condiciones de saltar al campo, pero que Queiroz le insistió en que lo hiciera. "Arrastraba un golpe en el nervio ciático desde el encuentro ante el Partizán y no sentía la pierna para nada. Por eso trataba de dar la pelota cuando la recibía. Hasta el último momento fui duda, pero hablé con Queiroz y decidió que jugara el encuentro. Le tenía que decir a Guti que la llevara él porque yo no podía golpear fuerte el balón".