Pim, pam, pum
Corría el mes de agosto y el Espanyol andaba de gira en Portugal. Éste que escribe se convirtió en el muñeco del pim pam pum para Clemente y parte de su tropa, sólo por preguntarle a Jordi Cruyff que si en el equipo faltaban "peloteros". Fueron unos días horribles, en el que uno pensó incluso en abandonar.
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Ahora, en el momento más bajo en la historia moderna de este club, me sería muy fácil darle a todo lo que se mueve por esos pasillos llenos de rencor. Pero no. A mí no se me pega eso, y menos desde la cama por un hígado maldito para siempre. Ver al amigo Tamudo desquiciado y sin consuelo con el brazalete de capitán, o a Óscar sentado en la grada quién sabe por qué, son suficientes motivos para demostrar que algo no va bien. Raúl nació para reír en el campo, sus padres ya lloraron suficiente para sacar adelante la familia en Santa Coloma. Y el dinero que cuesta Óscar sirve para que juegue, que para algo el Espanyol casi no sabe lo que es perder con él en el campo.
Todo es más doloroso que cualquier palabra de Clemente. Ahora toca Santander, ante el mismo Racing que nos metió cinco hace unos meses y que el sábado deslumbró al mundo con una injusta derrota en el Bernabéu. Suerte, que todavía quedan 30 partidos, 90 puntos, y un campo nuevo por hacer.