Primera | Deportivo 2 - Valencia 1

Valentía premiada

Irureta arriesgó y ya es líder. El primer disparo de Tristán significó el gol del triunfo. Valerón y Aimar, bien. Fran, mejor

<b>MARCÓ DIEGO</B>. Tristán, que entró en la segunda parte, lanzó la falta que supuso el gol del triunfo y el liderato para el Deportivo.
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El partido amenazaba ser una partida de ajedrez, pero Jabo, como terapia, se fue el viernes al cine a ver ‘Días de fútbol’, la historia de un puñado de perdedores que buscan el lado romántico de la vida en el fútbol. Salió aleccionado del cine y dio un puñetazo al tablero de ajedrez. Pudo firmar las tablas, pero fue valiente. O romántico.

Amaneció el Deportivo asumiendo el rol de amante despechado que intenta conquistar el corazón de su amada (la Liga), prometida a otro (el Valencia). Con Fran en la izquierda, Jabo abría una sucursal de talento en la banda para desbloquear el sistema defensivo rival. En esos tempranos lances, el fútbol se esbozaba en el centro, pero se coloreaba en las bandas. A Romero le era más familiar Cañizares que Molina y Víctor le demostraba a Carboni que un pase ahorra tres regates. Los de Benítez, asediados y jugando con la segunda marcha metida, eran barridos por un preciso y premioso Deportivo que parecía jugar con 22. No había noticias de Aimar en estos pases de bienvenida. El Valencia naufragaba porque un valiente Irureta envidó al ataque rival situando la línea 20 metros fuera del área de Molina.

El ahínco ofensivo coruñés encontró premio en una jugada pícara que evidenció la prestancia de unos y otros. Valerón peleó un balón a Cañizares, que pidió falta y se olvidó de la pelota. El Flaco se encontró ella suelta en el área pequeña y fusiló al meta. Gol dudoso, tanto como el penalti que Marchena cometió sobre Fran, al que arrolló. Ni lo uno, ni lo otro. Gol, pues.

Con la desventaja en el tanteador, el Valencia descubrió que la Liga hacía las maletas y se marchaba de Mestalla. Y trató de evitarlo. Se sacudió algo el dominio y comenzó a destaparse el fútbol arrabalero de Aimar. De ello se benefició Mista, a quien Molina ganó un mano a mano. Baraja y Albelda se veían abrumados por el despliegue de los cerebros deportivistas. La frecuencia de las oleadas blanquiazules no bajaron con el paso de los minutos. Ni siquiera con el descanso.

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Sin relojear. Pero Aimar conoce los atajos que llevan al área, algo que intranquilizaba a la parroquia local por lo exiguo del resultado. En lugar de relojear, el Deportivo atacaba cuesta abajo. Parecía que eran los de Jabo los que tenían el marcador en contra. Sólo un desfallecimiento de los blanquiazules o un chispazo de Pablito hacía peligrar la victoria. Benítez, cansado de ver la vía de agua que habían abierto Romero y Fran en su banda derecha, mandó a Ayala a lidiar con Fran y a Xisco para abrochar a Romero en el rincón zurdo.

La incertidumbre, más virtual que real, llegaba fruto de la entidad del rival. Y ocurrió lo impensado, no por inesperado. Albelda se disfrazó de extremo izquierdo y regaló un gol a Mista. Jabo propuso al oxigenante Scaloni y al trepidante Luque, porque perdía gas. Entonces se produjo el punto de inflexión: Benítez hizo un trueque de delanteros. Irureta arriesgó. Metió a Tristán y sentó a un digno Duscher. En la primera intervención, Diego birló la espalda a Navarro, aún verde. La falta al borde del área fue ejecutada con maestría por el genio de La Algaba. Jabo fue valiente en el cambio y en el planteamiento y el fútbol se lo recompensó.

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