Algunas reflexiones sobre el doping
Los casos de doping en el deporte aparecen reflejados en la prensa cada vez con más frecuencia, y esto no es una sorpresa.
Por un lado, los métodos de detección mejoran cada día, lo cual es positivo. Y por otro, el doping, a mayor o menor escala, es un hecho generalizado dentro del atletismo.
Hace unos días, un atleta popular me contaba cómo incluso en ese tipo de competiciones ha visto a otros competidores inyectarse cafeína. Él me comentaba que le molestaba ver cómo se tenía que conformar con quedar entre el sexto y el décimo puesto en cada carrera y perder los premios económicos, aunque fueran modestos. Él corre por salud y así debería ser.
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Tampoco hay que caer en el cinismo: todos los aficionados queremos espectáculo en el deporte, y eso obliga a añadir ciertos suplementos en los entrenamientos. Habría que adoptar una postura más abierta ante este tema, decir qué es lo que toman los atletas para rendir mejor, prohibir las sustancias dañinas y aquellas que produzcan un rendimiento artificial, pero permitir aquellas otras que faciliten la recuperación tras el esfuerzo, siempre que no dañen la salud de los atletas.
Tampoco vale decir que, por ejemplo, Alberto García no sería nadie sin EPO, porque doparse no significa rendimiento: para ser un buen atleta, hay que tener facultades.