Yo digo Alejandro Delmás

Vamos al Rose Garden

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Cuando te acercas al Rose Garden de Portland, cerca del húmedo cementerio donde está enterrado John Reed, el periodista rojo de Reds, no te acercas a un jardín de rosas. Piensas, empero, que te acercas a cualquier cosa menos a un recinto deportivo. Hasta que, entre un laberinto de tiendas, centros comerciales, restaurantes y multicines, divisas una cúpula que recuerda un Capitolio chato. Bajo esa cúpula y anexos al centro comercial en subterráneos anidan cientos de plazas de aparcamiento. Y dentro...

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Adentro: la impresión es futurista: te sumerges en ese "edificio", el Nombre de la Rosa, con la sensación calentita y suave que un crío puede recordar de la bolsa de líquido amniótico. Sólo que la placenta del Rose Garden no es rosa, sino roja... y colosal: capaz no para un niño, sino para 22.000 espectadores que pueden sentarse en butacas de terciopelo rojo, incluido servicio de restauración, o subirse a los skyboxes o megapalcos de lujo. Y abajo...

Abajo, en la pista se mueven los mejores atletas del mundo. Un veterano jamás ganará menos de un millón de dólares: está prohibido por convenio. A los verdaderos amos del Rose Garden les llaman los Portland Jailblazers, juego de palabras con Jail, cárcel, por las pequeñas golferías del rapero Wallace, el ratón Stoudamire y de Pippen. Pero el dueño del dinero y de la franquicia es Paul Allen, socio cofundador de Microsoft junto a Bill Gates. Es eso que habla Stern de "propietarios solventes": aquello truena, cuando 22.000 gargantas corean "Beat L. A.", ganad a los Lakers. El vestuario, al que los periodistas sí entran, es una mansión de terciopelo rojo, con comodidades del siglo XXII para los jailblazers. Estos se van rápido en sus tremendos todoterrenos. Y esto es la NBA. Pero uno, en el otro jardín de rosas, a veces, prefiere verse a solas con John Reed, el hombre que retrató la Rusia de Lenin.

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