Entrevista Paco Gento

"Sepa, joven, que una vez corté dos orejas en Las Ventas"

Paco Gento cumple hoy 70 años. ¡Y que cumpla muchos más! Le regalarán un montón de cosas, la mayoría en forma de afectos.

<b>LA QUINTA</B>. “No ganaron la Copa de Europa, pero jugaron  de maravilla y eso también cuenta”.
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Paco Gento cumple hoy 70 años. ¡Y que cumpla muchos más! Le regalarán un montón de cosas, la mayoría en forma de afectos. Él nos regaló a todos este palmarés inigualable: 12 Ligas, 2 Copas de España, 6 Copas de Europa, 1 Copa Intercontinental y 2 Copas Latinas. Salió a más de un título importante por año. Jugó 605 partidos vestido de blanco y marcó 181 goles. Llegó a Chamartín en 1953 tras jugar en La Montaña, Rayo Cantabria y Racing de Santander, y se mantuvo en activo hasta 1971. Dieciocho años indiscutible en el mejor equipo del mundo. Lo dijo la FIFA...

Pues eso, que cumpla usted muchos más, don Paco.

Muchísimas gracias.

A sus setenta me apunto.

No se apure, que llegan solos.

Despedíamos el capítulo de ayer con su promesa de contarnos la gran anécdota de su vida. ¿Qué pasó?

Sepa, joven, que una vez yo corté dos orejas en Las Ventas.

¿En serio?

¡Completamente! Fue muy entrados los 60, se organizaban festivales benéficos y nos invitaban a los famosillos de la época. Uno de los clásicos era Julio Iglesias, que enfilaba su gran carrera. Eso, que una tarde fui yo, toreé como los ángeles y maté con la izquierda, ¿eh? Que eso no lo hace cualquiera. El otro día, cuando vi que rescataban ustedes mi foto vestido de luces me entró la risa. ¡Qué tarde aquella!

Usted se echaría el engaño a la izquierda que ni Belmonte y Joselito en un solo hombre.

Al natural, cosa seria... ¡ja, ja! Y aquella tarde lo hice tanto y tan bien que me dieron las dos orejas del bicho.

¿Y de qué torero era?

De El Cordobés. Es el que más me ha gustado.

¿Y qué otro Real Madrid torero le dejó huella?

El de la Quinta del Buitre. No ganaron la Copa de Europa, pero jugaron maravillosamente al fútbol. Y eso hay que valorarlo también. Tuvieron la mala fortuna de topar con el Milán de Van Basten, que venía a ser como nuestro Real Madrid. No había quien les ganase; de diez partidos ganaban once. Los dos mejores equipos que he visto en mi vida han sido estos: el Madrid en el que yo jugué y ese Milán. Pero nosotros fuimos más grandes, pues jugamos más tiempo y ganamos más cosas. Hicimos felices a todos: jugones y resultadistas. No es fácil, no...

No sé cuántas tardes lloró usted en un campo de fútbol, pero pasado mañana se cumplirán 40 años de sus lágrimas en Wembley...

Fue el 23 de octubre de 1963, sí señor. Y sí, me emocioné. La FIFA me convocó para formar parte de la selección mundial que se enfrentaría a Inglaterra con motivo del Centenario de la Federación Inglesa. El espectáculo fue enorme: Wembley hasta la bandera, todo el fútbol allí concentrado y sí, cuando oí que me presentaban a los aficionados me emocioné. La delantera de la FIFA la formamos Kopa, el escocés Law, un fenómeno, Di Stéfano, Eusebio y yo.

Ya que hablamos de jugadorazos, usted conoce la discusión de siempre, de que si se pueden comparar equipos de distintas épocas. El otro día, una consola virtual dijo que el Madrid ganaba en el Camp Nou por 0-2, goles de Beckham y Raúl. ¿A que si le metiéramos, a la consola digo, un Gento de 22 años, lo ponía de titular en el Madrid de hoy?

Los buenos jugarían en todas las épocas. Y los malos serían malos siempre: ayer, hoy, mañana...

O sea, que se podría formar esta delantera: Figo, Rial, Di Stéfano, Zidane y Gento.

¡Perfectamente! Lo que cuenta es el talento y me cita jugadores extraordinarios. También se podría formar otra con Kopa, Beckham, Ronaldo, Puskas y Raúl... El quid de la cuestión es que todos son grandes y todos radicalmente distintos. Uno de los grandes activos del Madrid de hoy, que tenía también el nuestro, es que ninguna de sus estrellas se parece a otra y todos los partidos están abiertos a la sorpresa, a la magia de éste o aquél. De la misma manera que Puskas tenía su personalidad, Rial tenía la suya y eran completamente distintos. Y Di Stéfano, de Kopa, y yo de todos ellos... Lo que hace Figo no lo hace Zidane, lo que inventa Ronaldo no se le ocurrirá a Raúl, ni lo suyo a Roberto Carlos... Reunir una colección de futbolistas tan buenos y tan distintos es lo que no tiene precio. Entonces y ahora. Pero, ya te digo, el talento jugaría siempre.

Hablaba de la Quinta.

Emilio Butragueño fue otro galáctico, otro que estaría en esas delanteras virtuales de las que hablábamos. El Buitre está entre los mejores jugadores de la historia madridista. Con él pasaba como con El Cordobés, que no sabías qué iba a pasar, pero algo pasaba cada tarde, era imprevisible. Y había que ir al estadio: por obligación y por devoción. ¡No ibas a perdértelo! Un fuera de serie, Butragueño. Amancio y él fueron galácticos, pre-galácticos, vamos. También aparecerían en los partidos de la consola esa, también...

Esta referencia al Barcelona me trae el recuerdo de Julio César Benítez, el desaparecido defensa uruguayo. ¿Fue su rival más difícil?

Sin duda que sí. Benítez fue un gran futbolista, con una salida rapidísima, muy difícil de superar. Murió muy joven, la víspera de un Barcelona-Real Madrid, precisamente.

Tenía 28 años y se trata del único futbolista que murió siendo jugador del primer equipo azulgrana. Se dijo que la causa de su muerte fue que comió unos mejillones en mal estado, en Andorra.

Sí, eso fue lo que se comentó. Fue una verdadera desgracia, naturalmente que en lo personal, pero también en lo futbolístico. Benítez tenía muchísima clase, era de esos futbolistas que daba gusto ver jugar.

Recuerdo perfectamente todo aquello. El partido se aplazó, como usted dice, y se disputó un martes por la noche. Acabó con empate a uno y, bueno, fue quizá la única vez en mi vida que vi cómo el Camp Nou aplaudía la salida del Madrid al terreno de juego. Agradecía la presencia de ustedes en el entierro de Benítez, las facilidades que el club dio para el aplazamiento del partido. Incluso llevaron brazaletes negros.

Es que el fútbol debe ser eso, cordialidad, pelea noble, pero nada más. Y en momentos como aquellos, pues para qué hablar... Recuerdo que Santiago Bernabéu se desplazó a Barcelona y que todos lloramos la muerte de aquel magnífico jugador y compañero.

En el Camp Nou, además de armar tacos memorables, el 3-5 del año 60 con dos golazos suyos, un 1-5 posterior y así, con usted desbocado, ganó su último título: la Copa del 70.

Así fue. Desde el 66, cuando la Sexta, jugué otros cinco años hasta que con 38, en 1971, dije adiós. Y sí, mi último gran título fue en terreno azulgrana. Le ganamos la Copa a un gran Valencia y se dio la circunstancia de que uno de los goles del Madrid lo marcó Planelles, que tenía 18 abriles. Vamos, que podía ser mi hijo. Porque yo he tenido esa suerte: al jugar durante 18 años he compartido vestuario con varias generaciones de madridistas. Y sí, aquella Copa con la última generación de mi vida deportiva me hizo una ilusión especial pues se acercaba el momento de decir adiós al fútbol y era un bonito broche de oro. Los madridistas catalanes se volvieron locos aquella tarde y yo levanté el título con el orgullo de siempre, como si fuera casi una Copa de Europa. Y, además, metí un gol.

Usted más que goleador fue lo que se llamaría ahora un asistente. Un mayordomo de lujo.

Sí, la verdad es que goles no metía muchos, unos diez u once por temporada. Es que con lo que tenía al lado, la verdad es que me preocupaba poco. Si lo veía claro, remataba. Y si no, se la pasaba al de al lado y seguro que no me equivocaba. Pero tuve la suerte de hacerlo en dos finales de la Copa de Europa, en esa final del 70... Yo metía eso, sobre la docena, y me paraba a mirar los que metían Puskas, Alfredo y demás.

¿Por qué el Madrid y la Copa no se han llevado bien tradicionalmente?

A nosotros quizá es que no nos daba tiempo entre la Liga, la Copa de Europa, los amistosos.. Y a los de ahora, poco más o menos. Yo sólo gané dos y Alfredo, una. Y Raúl no ha ganado ninguna todavía. Pero no es verdad que la menospreciáramos, como tampoco la menosprecian ahora. Lo que pasa es que no se llega a todo y no hay que perder de vista que los demás también juegan. El Athletic pasó muchos años jugando la Copa como si estuviera en el patio de su casa. Y tuvo grandes equipos. Y el Atleti, también. Nos ganó dos finales seguidas en el Bernabéu, cuando mejor estábamos. La verdad es que todos nos pondremos muy contentos el día que la Copa vuelva a casa. Pero es tanto partido y tanta exigencia que no va a ser fácil. Cuando el Centenario, llegó el Depor y nos ganó. Me acordé de aquellos partidos con el Atleti, sí...

Eusebio dijo años después que usted había sido el mejor extremo izquierdo del mundo y que lo comprobó aquella tarde en Wembley. Y Garrincha, que usted, él y nueve más serían campeones siempre. ¿El reconocimiento de jugadores tan extraordinarios es la culminación de una vida?

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Es muy de agradecer, pero no hay que olvidarse de la gente, de esos aficionados anónimos que todavía me paran y me saludan.

Mañana en el Bernabéu, sin ir más lejos. En el tercer homenaje del Madrid a Paco Gento.

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