Entrevista Paco Gento

"El Partizán y la nieve casi nos apartaron de hacer historia"

La familia Gento-López tuvo seis hijos como seis Copas de Europa. Las que ganó Paco, el más famoso de ellos. La primera vivió su momento épico en Belgrado, cuando el Partizán estuvo a punto de eliminar al Madrid y obligar a escribir una nueva historia del fútbol. Fue bajo la nieve. Los yugoslavos volaban; los españoles sufrían. Pero acabaron clasificándose.

<B>LA SEXTA</B>. “Está bien que el club decida recordarla, pues  quedó como en tierra de nadie”
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La segunda vez que el Partizán se cruzó en el camino del Real fue en Bruselas, en la final de 1966. Dos goles de Amancio y Serena le dieron al Madrid y a Paco Gento la Sexta Copa de Europa. ¿Quién da más? Nadie. Y para tiempo.

Partizán: ¿menudos recuerdos, verdad?

El primero es terrorífico. ¿Vio el penalti que Beckham falló en Turquía al resbalar cuando iba a darle a la pelota? Pues a Héctor Rial le sucedió lo mismo en Belgrado. Allí vivimos uno de los momentos más difíciles en nuestra historia europea: el Partizán y la nieve casi nos apartaron de ella. Sucedió en la primera Copa, ¡la segunda eliminatoria de la primera Copa de Europa! Si nos hubieran eliminado, y a punto estuvieron, ¿qué hubiera sucedido?

Contéstenos usted.

La base estaba hecha, el Madrid hubiera vuelto a la siguiente edición. Pero la historia se hubiera escrito de otra manera. No hubiéramos sido los primeros campeones, ni pentacampeones, ni puesto la primera piedra para que, con los años, el club fuera elegido el mejor del siglo. ¡Y pensar que Bernabéu influyó decisivamente en que se jugara el partido!

Por respeto a la incipiente competición, dicen los clásicos.

En efecto. No se debió jugar en aquellas condiciones, pero Don Santiago se animó y no nos tumbaron de milagro. Habíamos ganado por 4-0 en Madrid el día de Navidad de 1955, nada menos. Castaño marcó dos goles, uno Alfredo y yo anoté el primero de mi carrera en Europa. Allí perdimos por tres y mandaron dos balones a los palos. ¡Deberías ver cómo caía la nieve del larguero! No se atrevió a pedir el aplazamiento pensando que la Copa de Europa apenas caminaba y que mejor evitarle problemas. Pero sufrir como aquella noche, los desempates ante el Rapid de Viena, en Madrid, y aquel en Zaragoza, con el Atlético. ¡Qué frío pasamos! Con decirte que Becerril se rompió un dedo y no se dio cuenta...

¿Y con su velocidad, qué hizo?

Patinar. Lo pasé fatal. Los técnicos, los que saben jugar tocándola, aguantaron como pudieron. Pero yo patiné más que corrí. Lo curioso es que a ellos no les pasaba. Se mojaban las botas en queroseno y les hacía de agarre. Nuestro primer contacto con el Partizán fue una pesadilla. El miércoles se me volverán a poner los pelos de punta cuando los vea salir por el túnel de Chamartín.

La segunda vez que se encontró usted con los yugoslavos fue nada menos que en la final de 1966, la de la Sexta.

Y es estupendo que el club decida recordarla en esta ocasión, porque es una Copa que quedó como en tierra de nadie. Entre la tacada de las cinco primeras, las legendarias, y la Séptima, que tardó 32 años.

Aquel equipo del 66 lo formaron once españoles; aquel Real Madrid no era el gran favorito de un torneo al que se había incorporado ya la televisión, que rompía fronteras, vamos.

Para nada. Pensaban en un campeón italiano, quizá británico. Nos costó mucho llegar. No era el Madrid de antes, ya no estaban Alfredo y compañía. Pero sí gente joven y de calidad, con el mismo espíritu de los pioneros. Nadie pensaba que podíamos ser campeones.

El volante partisano Vasovic abrió el marcador, ya en la segunda mitad.

Costó muchísimo darle la vuelta al partido. Ellos eran buenísimos; los yugoslavos siempre tuvieron grandes jugadores y equipos muy sólidos. El fútbol del Este era bueno entonces; los checos habían jugando la final del Mundial 62 con Brasil, en Chile. Y sí, marcaron ellos primero, pero Amancio y Serena remontaron. Serena agarró un remate fuera del área monumental en el gol de la victoria; quizá como nunca más hizo en su vida.

Y usted ganó su sexta Copa de Europa. Nadie ha conseguido algo semejante.

Yo era el abuelo de aquel equipo, al que llamaban ye-yé. ¡No por mí, desde luego! Les inculqué el espíritu del Madrid, el de toda la vida: la entrega, el sacrificio, la lucha hasta el pitido final, el orgullo de vestir esa camiseta... Y, en el fondo, éramos una réplica casera del gran Madrid. El pobre Grosso hacía de Di Stéfano peleando por todo el campo, tratando de hacer su labor. Velázquez era un 10 enorme, un jugador de una clase extraordinaria. Y estaba Amancio, claro. Era el mejor.

El Gallego Sabio.

Hoy sería un galáctico... porque lo fue en su tiempo, un galáctico colosal. Amancio jugaría en el Madrid de hoy, sin ninguna duda. Jugadores como él son punto y aparte.

En el 66, los Zidanes, Di Stéfano, Puskas, Kopa, Rial y compañía, habían dado paso a los Pavones, Pirri, Velázquez, Grosso y tal. Usted era la bisagra de oro, claro.

Puede decirse así. Pirri era un gran jugador, que lo mismo jugaba de defensa que en el medio campo que metía goles. No debemos olvidarnos de Pachín, que era rapidísimo; vamos, que casi me cogía a mí... Bueno, considerando que yo tenía casi 60 años, ¡ja, ja! Ni de Sanchís padre. Tíos con una casta enorme, como después fueron Chendo y otros. Con Pirri y Pachín, Casillas podría vivir tranquilísimo veinte años.

Todos esos son madridistas integrales, verdaderos fanáticos. Un caso Figo, ¿cómo se lo explican?

La conversión es posible. Ya le comenté que, de crío, yo fui del Atléti. Hay gente que llega al Madrid desde otros equipos y, si tiene tiempo, acaba convenciéndose de que está en el mejor club del mundo. Por estilo, por historia, por todo. El Madrid es un club distinto a los demás y la gente inteligente se acaba dando cuenta. Yo llevo aquí 50 años.... El Figo madridista es perfectamente posible.

¿Aquella condición de equipo genuinamente español del Madrid campeón en el 66 convierte ese título en el más meritorio de los nueve?

Creo que no, que eso es sólo una anécdota. Difíciles y meritorias han sido las nueve conquistas. Eso sí: ni entonces era fácil encontrar un equipo formado por once futbolistas de un mismo país capaz de ganar el torneo. Quizá el Celtic de Glasgow. Ahora es absolutamente imposible, claro. Pero por encima de nacionalidades, todos somos madridistas. ¿Cómo no recordar la Séptima, por ejemplo? Llevábamos 32 años sin ganarla y fue una locura. Uno de los días más grandes de nuestra historia.

Antes de la Sexta perdió usted dos finales.

Por partes. Perdimos, pero jugando razonablemente bien y, desde luego, porque agarraron mayores a Alfredo, Puskas y tal. Las perdimos contra el Benfica, pero tras dominarle por 2-0 y 3-2 en el marcador. Debió aparecer lo mejor de Eusebio, Coluna, Simoes, para doblegarnos. Tampoco le fue fácil al Inter de Luis Suárez, después. Por eso la Sexta tiene, entre otras grandezas, la de conseguirse con otra generación, tras cerrar el ciclo más grande de la historia del fútbol. Eso no se consigue así como así. Ha habido equipos muy buenos y pienso en el Ajax, el Liverpool, el Bayern de Beckenbauer, que han ganado hasta tres Copas de tacada. Pero pararse, renovar y ganar otra, eso, amigo, es dificilísimo.

Y usted siempre allí.

Esa ha sido mi gran suerte. Tuve la suerte de hacerlo en el de la tercera Copa, por poner un ejemplo, quizá el mejor de la historia del club, y en el ye-yé. Alonso; Atienza, Santamaría, Lesmes; Santisteban, Zárraga; Kopa, Joseíto, Di Stéfano, Rial y Gento, más Pancho Puskas. Vamos, que durante años jugamos el mejor fútbol del mundo, de eso no tengan la menor duda. Pero es que hay más...

¿Más qué?

Más futbolistas extraordinarios de aquella época entre un Partizán y el otro. Miguel Muñoz, por ejemplo. La gente lo recordará como el entrenador laureadísimo que fue, pero antes jugó muy bien al fútbol. Nosotros le teníamos un grandísimo aprecio porque te la daba rápido, no se entretenía. Le llegaba y te la daba.

Un jugador moderno, podríamos decir.

Pues sí. Y Antonio Ruiz también fue un jugador magnífico, que siempre sabía cómo manejar el centro del campo. Ahí, una pareja como Santisteban y Zárraga igual no ha habido. Pirri y Zoco, en el 66, quizá. Le digo todo esto porque los cracks no han ganando nunca los títulos por sí solos; al fútbol siempre jugaron once. Marquitos, Santamaría, Lesmes, Calpe, de Felipe, Sanchís padre...

Esta es la generosidad de un fuera de serie.

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No, no, esto es la pura verdad. No podemos pensar que Gento ganaba solo, o Alfredo, o Puskas. Tuvimos la suerte de coincidir en un mismo equipo, pero con otros compañeros que fueron extraordinarios. ¿Le parece bien?

Me parece torero por su parte.

¿Torero? Me reí ayer al verme retratado como tal. ¿Sabe? Le voy a contar una anécdota cumbre de mi vida, la que muy pocos saben...

Mañana, maestro.

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