Yo digo Juan Mora

Rossi es único

Juan Mora
Importado de Hercules
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La jornada de ayer nos dejó tres nombres propios: Ferrero, ganador del Masters Series de Madrid, Sainz, líder del Mundial, y Rossi, vencedor en Australia. Tres resultados muy importantes para todos ellos, pero de muy distinta trascendencia. El que menos, sin duda, el de Rossi. Pero, sin embargo, quizá fuera el de mayor significado. Ya campeón del mundo en MotoGP, su victoria no deja de ser un mero número: su 59ª victoria en un Gran Premio. Sin duda, una más. La de Ferrero le afianzó, en cambio, como número uno, y el resultado obtenido por Sainz le situó como favorito en el Mundial.

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La lectura que nos deja la victoria de Rossi es que estamos ante un fuera de serie. Se disponía ayer a vencer cuando le anuncian una penalización de diez segundos. Ningún problema, aunque sólo llevara tres de ventaja. Abre gas y en cada vuelta gana medio segundo. Al final le sobraron cinco. Una nueva exhibición de su colosal superioridad. Ya lo hizo en carreras anteriores cuando, tras salirse de la pista, le dio tiempo a recuperar posiciones hasta subirse al podio. Rossi gana cuando quiere, como quiere y donde quiere. Da continuas pruebas de que raras veces compite al 100%. No le hace falta.

Esto es un hecho extraordinario en el deporte de nuestros días. La igualdad es tanta que en cuanto se da la más mínima ventaja a un rival teóricamente inferior, éste es capaz de ganar. Basta una pérdida de concentración, un exceso de confianza, una falta de motivación, cualquier traspiés, para que salte la sorpresa. Excepto cuando está Rossi. Por eso no es de extrañar que Yamaha y Ducati, le quieran para hacer mejor sus máquinas. Las Honda son buenas, las mejores en MotoGP, pero cuando Rossi las monta son aún mejores. Y no digamos cuando se pica. Entonces las hace volar.

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