Tenis | Masters de Madrid

La Era Ferrero

El tenista valenciano rubricó el liderato mundial ante Nicolás Massú y consiguió su cuarto torneo del año al dominar el Masters de Madrid

<b>IMBATIBLE.</B> Juan Carlos Ferrero se mostró intratable en la final ante Nicolás Massú.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Menos de una hora antes de la primera final que sí se iba a jugar en el Masters madrileño, Ion Tiriac, amo de los Masters Series, retrocedió en el tiempo: a los años en que entrenaba a Vilas o Becker. Y Tiriac, reconvertido en entrenador, dijo: "Massú tiene muchas limitaciones. Ha llegado a la final y es peligroso por su volenta (voluntad, en rumano) y por ganas. Quiso llegar a la final más que otros, y por eso está en ella".

El bisturí sabio y bigotudo de Tiriac, llegado desde el túnel del tiempo, había retratado a Massú. Dicho esto, la crónica de la final casi sobraba. El resto estaba en manos del príncipe del firmamento de Madrid: Juan Carlos Ferrero, el número uno. El otro príncipe que había allí en la Casa de Campo era el de Asturias.

En la víspera, servidor había escrito que esta final era el combate de Tyson contra otro. "Al menos, hubo final. Y además, ganó un español", dijo también Tiriac. ¿Quién va a discutir a Tiriac con 116.718 espectadores en el Rockódromo durante la semana y con la Casa de Campo a tope de ambiente y de atascos...?

Y, ¿por qué estaba Pedro Almodóvar tan cerca de la pista? Yo lo explico: porque el tenis es el deporte que practica aguerridamente en la pista de su casa el cineasta manchego. Los que han visto a Almodóvar en acción, como los excelsos sibaritas de Vanity Fair, sostienen que Almodóvar es capaz de morir en la pista antes que dar las bolas por perdidas. Es un ganador natural.

Mi opinión es que Pedro hubiera sido un rival excelente para Massú: dos adversarios con idéntico talante combativo y casi de la misma complexión. Dejémoslo ahí, porque el hábitat de Pedrooo es Hollywood o los platós montados por El Deseo.

El príncipe del tenis, Ferrero, pasaba como de puntillas por este rumor de cosas y de celebridades. La pista era un frontón en el que el peloteo de Ferrero rebotaba en la pared ambulante llevada por las piernas de Massú: hasta que estallaba el golpe extra, ese al que no podían llegar ni una pared, ni el abuelo húngaro de Massú, ni la colapsada Radio Cooperativa de Santiago.

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El destino del partido se iba cumpliendo inexorablemente: pero con 4-1 para Ferrero en el tercer set, Massú tuvo eso que se conoce como segundo viento y llegó hasta 4-3 y 15-40 sobre el saque de Ferrero. Una cosa así como los enfermos terminales que recuperan el aliento y el color de cara... minutos antes de que les canten la extremaunción.

All about my mother, Todo sobre mi madre, dicen Banderas y Almodóvar. Todo sobre el tenis le explicó ayer Ferrero a Massú. Pedrooo debería darse una vuelta por la final de la Davis en Australia. ¿No va Leo di Caprio con los Lakers? Pero la hierba no admite chilenos ni tacones lejanos. Allí estarán el satánico Hewitt y el gigante surfero Philippoussis: la ley del deseo y del saque.

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