Rugby | Johny Wilkinson, según Fermín de la Calle

El niño que levantó a los ingleses

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Cada día de Navidad, después de celebrar la comida familiar, Johny Wilkinson cumple una tradición junto a su padre y a su hermano. Los tres se desplazan a un parque cercano a su domicilio y se pasan horas pateando a palos en un viejo campo de rugby. Ahora Wilko gana siempre, pero hubo un tiempo en que el benjamín de los Wilkinson sólo conocía el sabor de la derrota. Y cuentan, que se pasaba las horas disparando con las dos piernas para no volver a perder al año siguiente. Ayer Wilko demostró que es el mejor pateador del rugby mundial (tres golpes, una conversión y dos drops) y lideró a una Inglaterra que se muestra intratable en su camino hacia el título (dos partidos y ningún ensayo encajado).

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Pero Wilkinson, hijo de un ex jugador y una entrenadora de ping-pong (que le inculcó el afán de superioridad y el espíritu de trabajo), es algo más que un apertura con buena patada. Ha sido el jugador más joven en vestir la camiseta del quince de la rosa, su capitán más precoz y el hombre que tiró por tierra años de tradicional juego de delantera para introducir el juego a la mano. Y a todo esto une fortaleza y decisión, lo que le permite placar a delanteros rivales que le superan en talla y peso.

A Jason Leonard, centenario capitán inglés, le preguntaron qué destacaría de Wilkinson: "Lo que yo he aprendido en cien partidos, él lo ha asimilado en tan sólo diez. Este chico, sin ningún tipo de duda, marcará un hito en nuestro deporte". En Inglaterra es un icono publicitario sólo superado por el inevitable David Beckham, amigo suyo con quien grabó un anuncio en el que cambiaban de balón y marco. Wilko disparaba un balón a una portería y Becks pateaba un balón oval a palos. Lo que el jugador madridista no sabía es que Johny había jugado al fútbol hasta los 18 de edad. ¿Adivinan quién ganó? Pregúntele al Spiceboy.

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