El día grande del Master Ferrero
Tras abatir a Federer, el número uno mundial aborda hoy la final de Madrid cada vez más consistente y como gran favorito ante el chileno Nicolás Massú.


Y el inspector de Hacienda José María Aznar se quitó la cazadora de ante y dejó ver una camisa de polo azul purísima y con rayitas blancas, como si estuviera en los toros. Pero el presidente Josemari se había equivocado de día. Y de sitio.
Era el Rockódromo, no Las Ventas. Y Josemari había ido a dar ánimos a Ferrero ante el terrible Federer. En realidad, cuando Ferrero necesitó ánimos fue la noche hirviente de Ferreira y la madrugada arisca de Mantilla. Ayer, Ferrero era número uno consolidado. Pero como era weekend y lo más chic de Madrid es el tenis, allí estuvo todo el que pudo, Josemari incluido. El que no, a la calle, y a ver a otro rubito por televisión: Beckham, por supuesto. En Vigo.
Cualquiera dice en Madrid a estas alturas que no ha pisado el Rockódromo. Si lo niegas, es que no existes. Por la Casa de Campo han pasado la impresionante Helen Swedin, la Victoria de Beckham, Raúl, Figo, Florentino, Josemari Aznar, Rajoy y su señora Viri, Norma Duval, los del Atleti, Ivonne Reyes, Yola Berrocal. Obviamente, el orden de cita sí delata la importancia de cada cual. Es posible que hoy se acerque el Príncipe de Asturias, a ver cómo gana Ferrero: ya lo hizo en Sydney. Y además, se ha jugado al tenis. Una pasada.
Así, el Rockódromo se va pareciendo cada vez más a un ring de boxeo. El MGM Grand o el Caesars Palace: Las Vegas en Madrid. Se cierran negocios y conexiones y se pasean colecciones de otoño en la Casa de Campo como si Ferrero fuera Tyson. No. Ferrero es rubito, valenciano, del Madrid, sin tatuajes. Y número uno. ¿España va tan bien...?
Solidez. Al menos, Ferrero y el tenis sí que van muy bien. Como sabiamente observó Roger Federer en vísperas, el número uno del mundo es más difícil de ganar a medida que avanza cada torneo. Para ganarle, hay que pillarle por sorpresa: lo que Wayne Ferreira tuvo en la mano, antes de ahogarse en la orilla de las dobles faltas.
Federer puede hacer cualquier cosa sobre una pista, pero, con Ferrero despidiendo tanta consistencia como un martillo neumático, el campeón de Wimbledon apareció como un robot lleno de desdén ante la destra assassina, la derecha asesina del número uno. El desdén de Federer era la agresividad de Ferrero. En el primer set, si el Rockódromo llega a ser un ring de verdad, el suizo se hubiera partido la crisma al caerse entre las cuerdas: Ferrero lo sacaba de la pista a guantazos.
Noticias relacionadas
Dispersando los golpes de Ferrero con tanta displicencia como una gata dispersa a sus gatitos juguetones, éste sí, ahora no, Federer atrapó el segundo set con mínimos movimientos. Su padre espiritual, Peter Lundgren, le mascullaba: Stop Playing. Deja de jugar. Traducción libre, déjate de mamoneo. No le hizo caso.
Y en el tercero, cuando Josemari ya se había quitado la cazadora, la derechona de Ferrero desnudó los fusibles de la vaca robot suiza. En casos como éste, Federer, que parece capaz de todo, es capaz de nada. La muñeca de Ferrero cantaba victoria con su raqueta. Y los circuitos de Federer no digerían nada más. Josemari aplaudió a través de la camisa de weekend. Hoy, Ferrero y Massú. El día del Master. Las Vegas. Tyson contra otro.