Victoria, Ferrero, victoria ante Becks
Ferrero defendió su primer lugar en el ranking mundial tras derrotar por milagro al surafricano Wayne Ferreira, que dilapidó dos match points


El credo de un número uno: además de agredir y dominar psicológicamente al rival, se trata de ser el mejor bajo cualquier circunstancia. Si el tenis se convierte en kárate o en lucha libre, hay que saber dar los mejores golpes y los mejores abrazos. No hay otra manera.
Si el partido degenera en ataque callejero, hay que ser el rey de la jungla de asfalto. Si la cuestión es ser virtuoso, traigamos el Stradivarius o la volea de John McEnroe.
Todo eso se consigue con ego, dureza mental, sufrimiento, emoción y personalidad. Rebajando y despersonalizando hasta límites infrahumanos la eventual personalidad ganadora de lo que hay enfrente: no hay más. Es el código de los números uno. En tenis, J. McEnroe, Bjorn Borg, Jimmy Connors. En general, Eddy Merckx, Lance Armstrong, Muhammad Ali o Alfredo Di Stéfano. ¿Más...?
Pero, a lo que se ve, Wayne Ferreira, que empezó a jugar cuando Iván Lendl era aún un pollo mojado, tiene aún la cabeza traumatizada por cierta final de Estados Unidos (1983) que Lendl tiró en Nueva York ante Connors tras una infamante doble falta: no había otro modo de que Ferreira pudiera perder el partido que tenía ganado a Ferrero, un número uno en la era de la autocomplacencia que ayer repasó la lección del sufrimiento.
Con 5-3 y 40-15 en el tercer set, Ferreira, el surafricano de la cara picada que ya piensa en la retirada, servía para rematar un partido extraño, que dominaba por 3-1 en la primera manga... antes de perder cinco juegos seguidos en los que ganó tres puntos: 6-3 para Ferrero. Desde ahí...
Victoria. Desde ahí, Ferrero se asomó a la catástrofe, envuelta en el guante de hierro del tenis de seda de Ferreira, que atacó con reveses y voleas de otro tenis, rumbo a un parcial monstruoso: 11-4. 6-2 en el segundo set... y 5-2 en el tercero. 5-3 y saque: 40-15. Error no forzado del surafricano... y doble falta, con el segundo saque a un palmo del suelo: como Lendl ante Connors aquella tarde de Flushing Meadow. Otra vez en una atardecida medio apática, medio tonante, verano, medio otoño. Con Beckham, sus mechas y su Victoria aplaudiendo el espectáculo: Victoria, que parece muda, aplaude con palmaditas en el muslo. Curioso espectáculo.
Visto lo visto, Ferrero, que con 5-2 llamó al masajista para que le mirara el pie y le quitara el taping o vendaje opresor, se decidió a ganar: sabía que Ferreira estaba tan nervioso como Lendl ante Connors.
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Y aunque él es Juan Carlos, no Jimmy, Ferrero ganó el partido y salvó el número uno en la muerte súbita, sometiendo al desquiciado Ferreira, que echó pestes contra el público. Y Ferrero dijo: "Fue agradable hacerlo delante de casi todo el Real Madrid". Los números uno de ahora son así, lady Victoria. Que le vamos a decir que usted no sepa...
Antes, Álex Corretja se había estrellado ante el vaquero suizo Roger Federer y Albert Costa se rendía ante Paradorn Srichaphan, el druida budista. Después, Carlos Moyá volvió a castigar en tres sets al pobre Gato Gaudio, al que birló una pelota de partido. Al final, Ferrero casi ni se lo creía. Le puede preguntar a un número uno. Y no a Ivan Lendl: a John McEnroe.