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Los Beckham y el Madrid se vuelcan con Ferrero

Muchos jugadores del equipo blanco presenciaron la victoria del número uno del mundo ante el sudafricano Wayne Ferreira

<b>AMOR DE TENIS.</B> Los Beckham, viendo a Ferrero.
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En el Rockódromo de la Casa de Campo de Madrid sólo sonaba pum, pum, pum... La pista llena, Ferrero y Ferreira intercambiando palos y el sonido hueco y persistente, pum. Todos parados, todos mirando. Mic, mic (el arrastre de las zapatillas). 1-2. Ferrero avanti. Ni un ruido. De repente, todo cambió. El pum se torció en un "¡mira!". El mic circundó al "son ellos". Ferrero levantó la mirada y observó uno de los palcos VIP de la pista. Rubio platino, sonrisa imperturbable y vestuario otoñal (a la medida, como siempre): David Beckham; de su brazo cuelga una mano, desnuda. Le agarra sin cesar: morena, escote infinito, "¿es ella?", preguntan. Sí: Victoria Adams. Ferrero sonríe, cómplice, y acaricia su raqueta desde el banco donde descansa. Los flashes y las cámaras cambian de objetivo y disparan, sin cesar... El murmullo aumenta. Ya no parece un partido de tenis. No hay silencio. No hay pums ni mics. El matrimonio sonríe y Tiriac (organizador del torneo) se ensancha en su butaca. "Mañana (por hoy), saldremos en medio mundo", piensa en su interior. La publicidad ha llegado: los Beckham reinan en el Rockódromo. Las pantallas lo registran. Habían entrado de incógnito, pero...

Tiriac sigue con su ensanche. "Hay más", dice. Debajo del matrimonio Beckham, Raúl reflexiona en plan filósofo. A su lado, su mujer, Mamen Sanz, revisa el partido sin pestañear. Ferrero ataca a Ferreira. Todos aplauden.

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La pasarela no cesa. Para alegría de Tiriac, Roberto Carlos también se ha animado a venir. Está con Guina. Todos en un mismo palco. VIP, se entiende. Galáctico, apuntan. Becks y Victoria siguen llenándolo todo. A su paso, la gente desaparece. Los guardaespaldas hacen su labor sin estridencias... Victoria aplaude, con glamour, claro; golpea las palmas de sus manos contra sus muslos. Es su forma de decir bien, "hoy ganamos Becks, amor", mientras roza su mano contra la barbilla del ídolo. Todo calculado. Si querían crisis, ahí tienen: la fotografía lo negará todo, dirá.

A la derecha, en otro palco, Casillas sonríe. Raúl Bravo le observa. Ferrero lo pasa mal. Solari, Cambiasso, Rubén, Miñambres... Un equipo de fútbol detrás de una raqueta: Ferrero gana, sufre. Se hace galáctico. Becks guiña un ojo a Victoria, mientras se pierden entre la carpa VIP de la organización. Todos quieren su mano. Tiriac sonríe, orgulloso: Un día de tenis. Pum.

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