Sevilla, más profesional que caballero
Óscar Sevilla deja el Kelme y se va al Phonax suizo, donde le espera Álvaro Pino, su primer director. Óscar Sevilla deja el Kelme, su equipo de siempre, al que llegó hace seis años. Se va con todo el derecho del mundo. Acaba su contrato, ha recibido una oferta superior y la ha aceptado. Con 27 años, seis como profesional y con la que está cayendo en el ciclismo español, toma las de Villadiego antes de que se le pase el arroz. Mas yo creo que no se va con la cabeza bien alta. Más bien todo lo contrario, y la prueba es que quiere dar explicaciones al patrón. Deja unas cuantas deudas tras de sí.
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Deuda sobre todo la de este año. Se pasó la temporada inactivo por culpa de un forúnculo y sólo disputó en condiciones la Vuelta para echar una mano a Valverde. El Kelme, con todas las dificultades económicas que atraviesa, respetó íntegro su contrato, como tiene que ser, pero no me negarán que por eso mismo Sevilla tiene que tener mala conciencia por haber cobrado no menos de 400.000 euros por una Vuelta. Hubiera quedado como un caballero, y el ciclismo es un deporte con normas no escritas muy caballerosas, si continúa un año más en Kelme para devolver todo lo que le ha dado.
Si en el ciclismo el ganador reparte las primas con todos sus compañeros de equipo tenemos el ejemplo reciente del Mundial, el líder deja ganar la etapa a un compañero de fuga y está mal visto que un equipo acapare todas las clasificaciones, la marcha de Sevilla no es un buen gesto en este deporte generoso y solidario. Dice "me quedo en Kelme un año más, porque me ha pagado y apenas he podido correr", y sale por la Puerta Grande. Eso es hacer grande al ciclismo, mas para ello hay que ser caballero antes que profesional. Sevilla ha optado por lo segundo, a costa de salir por la puerta de atrás.
