Yo digo Juan Mora

Astarloa ganó al mundo

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

Un Mundial de fondo en carretera es uno contra el mundo. Nada que ver con un Mundial contrarreloj, donde sólo media docena de corredores aspiran a la victoria. Cuando la carrera es en línea, quien más y quien menos se acuesta soñando con ser campeón del mundo. Una escapada puede abrir las puertas de la gloria a cualquiera; un sprint reduce las posibilidades, pero el más mínimo tropiezo altera el orden de los favoritos. Es sólo una carrera, son muchos kilómetros, hay múltiples estrategias... Todo es posible. Es uno contra el mundo, porque todos quieren ganar.

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Por eso el título de campeón del mundo de carretera es un título de prestigio, dificilísimo de conseguir. Ayer, 180 ciclistas de 35 países lo perseguían. Oportunidades de ganarlo tuvieron muchos. En la última vuelta, casi todos, porque cruzaron la línea de meta juntos. Luego, con los hachazos, las posibilidades se fueron reduciendo. Tanto, que al final pareció cosa de seis: Astarloa, Bettini, Van Petegen, Boogerd, Hamburger y Camenzind. Mas nada hay dicho cuando el pelotón se lanza a por ellos. Estamos hartos de verlo en las etapas de las grandes vueltas. A un pelotón no hay quien lo pare.

Pero por algo un Mundial es distinto a cualquier otra carrera. El hecho de que sea una carrera de un solo día, de que no haya que reservar fuerzas para el día siguiente y de que los 260 kilómetros acaben mermando la fuerza de los corredores, hacen imprevisible el resultado. Los escapados corren como posesos y siempre puede haber alguno que intente lo imposible: fugarse de la fuga. Astarloa lo hizo. Era ganar o morir. Y ganó. Su mérito fue hacer una lectura acertada de la carrera en el momento adecuado. Y cuando se acierta, se es justo campeón, porque se ha ganado al mundo.

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