Un clasicómano que tuvo que emigrar a Italia
A Igor Astarloa le faltó poco para ponerse a vender vajillas en 1999, desesperado por no encontrar un equipo profesional. Lo halló en Italia, donde aprendió el oficio de clasicómano.

Igor Astarloa (Ermua, Vizcaya, 29 de marzo de 1976) era hace cinco años un chaval desesperado. Había ganado ocho carreras en como aficionado, entre ellas la Vuelta a Valladolid, había entrado en la selección Sub-23 de Valkenburg 1998, pero no encontraba ningún equipo profesional que se interesara por él para dar el salto.
Era un clasicómano y eso no estaba bien considerado en un pelotón profesional español que sólo buscaba futuribles vencedores de grandes vueltas, escaladores con carisma o gregarios para ayudarles.
Astarloa era un loco de las clásicas. Se lo había contagiado su amigo Pedro Horrillo, profesional del Quick Step y columnista de El País, que no sólo nació en el mismo pueblo, también en la misma calle (Santa Ana), dos portales más allá.
Con 22 años y ante la imposibilidad de hacerse profesional, Igor barajaba ya la idea de ponerse a vender vajillas con su primo, que es representante, trabajo en el que le ayudaba en los inviernos.
Pero un amigo suyo, que conocía a Bombini, intentó el último cartucho y envió un fax al técnico italiano. Este aceptó y colocó a Astarloa en el Calcestruci-Salentrina, un equipo de aficionados. En 1999 tuvo que pelear con los amateurs italianos, duchos en las clásicas, pero lo superó. De aquella experiencia salió un Igor bien curtido que ayer se proclamó campeón del mundo a la italiana, con fuerza e inteligencia.
Noticias relacionadas
Tras buenos resultados en su año de aprendizaje, Igor pasó en 2000 al Mercatone, en el que estuvo un año más. Fueron dos temporadas difíciles en un equipo descabezado, pues el líder, Marco Pantani, estaba la mayor parte del tiempo desaparecido, envuelto en su tormenta de juicios y campañas de desprestigio.
Aún así, se hizo notar para que le fichara el Saeco en 2002. El año pasado fue segundo en las clásicas de Hamburgo y San Sebastián y cuarto en la general final Copa del Mundo. Este año se transformó en el primer español que gana una gran clásica belga, la Flecha Valona. Y ahora, el Mundial. Vales mucho, Igor.
