Arantxa, por favor, no te equivoques

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Después de acompañarnos durante más de una década, de 17 años de éxitos, de demostrar que el talento sin lucha no es nada, la pequeña de los Sánchez Vicario, Arantxa, decide abandonarnos. Dice basta. Basta de competir, basta de sufrir en la pista, basta de no vivir su propia vida. Y se retira.

Hace unos días leo que quiere volver para cumplir el único sueño que no ha cumplido: ser abanderada en los Juegos Olímpicos. Mi primera reacción, alegría: ¡Arantxa vuelve! Ahora, al pensarlo con más calma, no reacciono de igual forma: en toda su trayectoria, Arantxa ha demostrado que, además de ser una gran competidora, siempre ha jugado limpio. Sin embargo, en este retorno y en su pretensión de ser abanderada Arantxa no está siendo justa, consecuente, no juega limpio. No es justa con sus compañeras, en activo, competitivas, a las que podría negarles la oportunidad de ir a unos Juegos Olímpicos. No es consecuente porque hace muy poco, en su retirada, afirmó estar harta del tenis: ¿ahora ya no? Y no está jugando limpio porque está usando su prestigio para alcanzar un objetivo, su sueño personal, que, creo, ha de ganarse de otra forma. Yo no dudo de los merecimientos de Arantxa para haber sido abanderada en los juegos, sólo digo que su tiempo ha pasado

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