¡Ka mate! ¡Ka ora!
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La haka, la danza maorí con la que los neozelandeses prologan los partidos (e intimidan a sus rivales), arranca con dos expresiones que marcan las reglas del juego y los límites de la caza. ¡Ka mate! (Yo vivo), ¡Ka ora! (Yo muero). Son los extremos. El medio, la mediocridad, no existe. O blanco o negro. Ayer a Nueva Zelanda le tocó, como casi siempre, ¡Ka ora! (vivir). A todos, menos a Tana Umaga, su capitán, corazón y alma de los maoríes tanto en la haka como en el campo. Umaga es, hoy por hoy, el mejor centro del mundo. Es el referente de la nueva ornada, el superviviente de la generación de Jonah Lomu y Andrew Merthens. Se acordarán de él en los partidos decisivos.
El resto, sin novedad en el frente. Tras ver a Australia perder aceite por la bovina de Sailor, compareció Francia. Su glamour le impide caer en chabacanerías como defender y tardó una hora en romperle la cintura a Fidji. Los oceánicos, los jugones del Seven, se divirtieron hasta que les quitaron el balón. Suráfrica le dio un baño a Uruguay, con tres ensayos de Joost van der Westhuizen (El que no hace nada), y ha establecido el récord de anotación en 72. Y además, Irlanda. Los verdes le dieron duro a Rumanía, con buena pierna de Humpryes, buena cabeza de Stringer y buenos riñones de Wood. Hoy, debuta Inglaterra. Se me ponen de pie, por favor.