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Mister California

El ex culturista Schwarzenegger gobernará el Estado que encarna el sueño americano y que es la gran fábrica mundial de esteroides anabolizantes

<b>DE SOLDADO A FORZUDO.</B> Arnie dejó el Ejército por las pesas.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Arnold Schwarzenegger, el gobernador austriaco de California, de apellido imposible para los titulares, ha regalado estos días a la posteridad multitud de frases. Pero todo se resume aquí: "Prefiero ser Gobernador de California antes que ser el dueño de Austria. Vine a California absolutamente sin nada y California me lo ha dado absolutamente todo".

A eso, en Austria, le llaman Schmä: labia, en traducción más o menos libre. Lo que ha destruido en las urnas de California (menos en el área chic de San Francisco) a los demócratas Gray Davis y Cruz Bustamante se parece cada día más a un Terminator teñido rumbo a la jubilación. Sería imbécil considerar a Schwarzenegger tan de cartón piedra como los decorados bárbaros de Conan.

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No: a los 56 años, Arnold Schwarzenegger ha sido Mr. Olimpia, Míster Mundo... siete veces: la primera en 1967, y la última en 1980. Fue consejero de Deportes del presidente George Bush Sr. entre 1990 y 1992: en ese año organizó en Sevilla el Mundial de Físicoculturismo. En ese año, Arnold estuvo en la Feria de Sevilla. Se casó con Maria Shriver Kennedy, hija del diplomático Sargent Shriver y de Eunice Kennedy: sí, la hermana del asesinado presidente John y del asesinado senador Robert: de-mó-cra-tas...

Kennedys. Y en la coctelera de luz blanca de California, Arnie Schwarzenegger, hijo de un soldado de Hitler, ha agitado todo esto: el carisma de los Kennedys. Su experiencia republicana con Bush Sr. Su asumida toma masiva de anabolizantes en California, el gigantesco huerto de gimnasios, bíceps de melón y megaesteroides atómicos. Y ha ganado, claro: pese a las acusaciones de mujeres acosadas. ¿O quizá por eso mismo? Seguirá viviendo en Santa Mónica. Ha bromeado con los impuestos de su amigo Jay Leno, que miraba el reloj aburrido durante el discurso triunfal de Arnold Gobernator. Gobernator, sí. Y quizá, medio nazi. Tonto, seguro que no. Sayonara, baby.

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