El difícil paso al ciclismo profesional
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Los Mundiales de ciclismo comienzan hoy con la incertidumbre de saber si los primeros medallistas serán los campeones del mañana. El ciclismo es un deporte en el que resulta difícil vaticinar el futuro que espera a los mejores jóvenes del momento. Puede ponerse en duda el ojo clínico de los seleccionadores, pero cuando en el palmarés de los Mundiales apenas aparecen ciclistas de renombre entre los ganadores de las categorías júnior o sub 23 (Merckx, Lemond, Ullrich y Tonkov entre ellos) se llega a la conclusión de que entre el ciclismo y el profesional debe de haber un gran paso.Luego resulta que los ciclistas buenos que salen no participaron en ningún Mundial cuando eran jóvenes, y también sucede al revés, que los mejores jóvenes del momento acabaron desapareciendo, fichando por equipos menores o actuando de gregarios para compañeros suyos a los que ganaban de chavales. Hay muchos ejemplos en los últimos años: Uriarte, Sainz, Guillén, Ángel García, Cuenca, Saiz, De la Fuente, Herrero, Gomis, Arroyo, Núñez, Lindez, Irízar, etc. También, afortunadamente, excepciones: Valverde, Rubén Plaza, Vicioso e Iván Gutiérrez, éste campeón sub 23 hace cuatro años.
Una de las causas que apuntan a esta ruptura en la transición al profesionalismo pudiera estar en la prisa de los jóvenes por llegar pronto. Sacrifican la calidad por la cantidad en los entrenamientos y destacan enseguida, son los mejores en su categoría, pero siempre quedará la duda de si el esfuerzo les pasará factura. Los seis Tours que corrió Indurain frenado por Echávarri antes de ganar los cinco consecutivos son el mejor ejemplo de que las prisas no hacen a los grandes campeones, aunque éstos, cuando tienen talento, no tardan mucho en descubrirse. Ejemplo: Freire, medallista sub 23 en 1997.
