Un ex ciclista condenado cuenta su experiencia en un libro
Philippe Boyer critica, sin citarlo, a un vencedor de una edición del Tour con el que "compartí 'pócimas belgas'".
El ex ciclista francés Philippe Boyer, condenado en 2002 por suministrar a otros corredores la famosa "pócima belga", cuenta en un libro su experiencia de dos décadas de dopaje, que según él era algo conocido por todo el mundo del ciclismo e incluso por los más altos responsables deportivos.
"Le Journal du Dimanche" ha publicado este domingo algunos fragmentos de "Champion, flic et vouyou" (campeón, policía y delincuente) que se publica esta semana y en el que Boyer, que llegó a ser segundo en el kilómetro en pista en el campeonato mundial de 1985 y tras dejar el ciclismo se hizo policía, narra desde su introducción en el dopaje cuando era joven a sus tráficos hasta que fue condenado a dos años de cárcel.
El ex ciclista critica, sin citarlo, a un vencedor de una edición del Tour con el que "compartí 'pócimas belgas'" durante los años en que era corredor, y que "vuelve la cabeza" cuando se lo ha encontrado desde que salió de la cárcel.
Ironía de inault
El mismo gesto lo ha constatado en "ese ministro de Deportes que hace como si no me conociera cuando un día se aprovechó de una distribución" de productos dopantes, y al que dio una pastilla de Captagon (anfetaminas).
Explica que en una ocasión se cruzó con el campeón ciclista Bernard Hinault, quien ironizó al ver toda la panoplia de productos dopantes que tenía Boyer, y que parecía conocer muy bien.
También afirma que una vez en un coloquio sobre el dopaje organizado en la universidad de la Sorbona de París mantuvo una conversación con el príncipe Alexandre de Merode, que era entonces presidente de la comisión médica de la Unión Ciclista Internacional (UCI).
Según dice en el libro, Alexandre de Merode, que salía en bicicleta los domingos con el masajista belga Pierre de Witte con el que Boyer se aprovisionaba, le indicó que las ampollas de testosterona de aquél no tenían "nada de malo. Un poco de testosterona no ha matado nunca a nadie".
Tomó anfetaminas
De su pasado como ciclista, el autor del libro -que publica en Francia la editorial La Martiniere-, reconoce que tomó anfetaminas, la primera vez en la primavera de 1985 para el Gran Premio de París, y que la dependencia se le fue manifestando.
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"Con algunos corredores, me puse a buscar anfetaminas. Y a comprar. Sin tener conciencia, pasé de la inyección festiva a la indispensable (...) Pero no me consideraba un toxicómano.
En los primeros tiempos estaba seguro de 'gestionar' mi consumo, de poder parar cuando quisiera, una expresión común entre los fumadores. En realidad, iba de forma socarrona a la dependencia", sostiene.