Entrevista Ion Tiriac

"El número uno se decidirá en Madrid"

Ion Tiriac vivió la II Guerra Mundial, fue internacional rumano de hockey sobre hielo en los Juegos de Innsbruck, en 1964, y sufrió los rigores del régimen de Ceausescu. En 1954, con 15 años, jugó su primer partido de tenis. Al fin del siglo XX, tras 40 años de comer y beber tenis, Tiriac había jugado tres finales de Copa Davis junto a Nastase.

<b>"A VER, A VER QUÉ HACE EL REAL MADRID".</B> Ion Tiriac se enfrascó en la lectura de AS con un propósito bien definido: "A ver, a ver qué hace el Real Madrid. Este equipo es ahora como una cuadrilla de toreros buenos: Figo, Ronaldo, Zidane, Raúl... si no juega bien uno, juega bien otro. Yo pago lo que tenga que pagar por verlos".
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
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Hablemos de tenis, pero sólo lo justo. Usted viene de Tanzania de enfrentarse a leones y búfalos en la jungla, usted ha sobrevivido a Ceausescu y Nastase, y aquí, en la jungla de asfalto, los mortales le esperan para que se ocupe de tenis. ¿Qué le parece, señor Tiriac?

Me parece que es normal, porque en el Masters de Madrid se decidirá el número del mundo en esta temporada. Bueno, en Madrid y en París. Sabe que la pelea está muy igualada. Ferrero, Roddick, Hewitt... de Agassi no le hablo, porque, con todo mi respeto, yo creo que él ya tiene otras prioridades antes que el tenis y su tiempo ya está pasando.

¿Es Ferrero un real número uno? ¿Lo demostrará aquí y en la final de la Davis, en la hierba de Australia?

Pues claro que sí, hombre. A Ferrero es muy difícil ganarle en cualquier Grand Slam: eso es típico de los números uno. Ha sido campeón en Roland Garros y finalista en Nueva York. Y lo hará bien en Australia.

Pero en Melbourne, España lo va a tener crudo. No: crudísimo.

(Ion Tiriac se parapeta tras un café y maneja un paquete de tabaco Parliament Light. Y empieza a razonar...)

—¿Por qué dice eso? No: Australia tiene una pequeña ventaja por jugar en el pasto, pero sólo por el lado de Philippousis. En una pista de hierba, Hewitt es igual o peor que Ferrero. Este puede ganar. Y ustedes hablan mucho del doble, pero Rumanía acaba de ganar a los hermanos Lapenti en Ecuador con una pareja de juniores, 10-8 en el quinto set. El doble es cuestión de equipo. Es la final de la Davis. Y cuando estás ahí, nunca se sabe lo que va a pasar.

(Tiriac habla cuatro idiomas, entre ellos un español "argentino": fueron 11 años junto a Guillermo Vilas)

Usted fue olímpico en 1964, en hockey sobre hielo. Jugó a tenis por primera vez en 1954. Casi 50 años después, ¿qué piensa ahora del juego?

Y viví la II Guerra Mundial, una catástrofe, y jugué al fútbol en el Tractor Brasov... y al tenis de mesa. Lo que veo es que el tenis de hoy se juega demasiado rápido. El exceso de velocidad es un punto negativo. Y no es por el saque, porque hay gente que hace 50 aces, y pierden. Ferrero no es el que saca más fuerte y es el número uno del mundo. No: tenemos que flexibilizar el juego. Yo creo que eso sólo se puede conseguir agrandando las bolas un 10%. Ya sabe que ese proyecto va adelante.

(La Federación Internacional de Tenis, ITF, ya usa en ciertos torneos bolas con un diámetro superior a 7 cms y con superficie de 8 centímetros cuadrados).

Otros dicen que no se puede ralentizar el progreso.

No estoy de acuerdo: ahora, el único tenis espectacular es el de tierra batida. Es el único tipo de juego que permite ver puntos. No quiero volver a los tiempos de los partidos eternos entre Borg y Vilas, pero tampoco pueden resolverse los partidos con resultados de 7-6, 6-7, 7-6, que es lo que está pasando. La gente acabará aburriéndose.

¿Quién ha sido el mejor tenista que ha visto? ¿Nastase, al que usted tenía que duchar con agua fría para que llegara ‘vivo’ al doble?

No: el mejor fue Rod Laver. Y dudo entre él y Pete Sampras, que tiene la mejor colección de Grand Slams, pero al que le falta un poquito de personalidad ganadora. Nastase fue el número uno que menos Grand Slams ha ganado. Pudo ganar Wimbledon 10 veces, pero era un boludo. Un vago, para que lo entienda. Eso, sí, con 17 años, se enfrentó a Santana en la Davis, en Bucarest, y Santana, durante nueve juegos, ni veía la pelota: Nastase llegó a ir ganando 6-0 y 3-0. Después, sí reaccionó Santana.

Usted ya andaba por ahí: no le vería la punta al hockey sobre hielo...

Mi padre era funcionario municipal en Brasov. Y mi madre, ama de casa, casalinga en italiano. Una familia modesta. En la posguerra, en Rumanía, se vivieron 10 años muy duros, comunismo puro. Vino Ceausescu, que fue un desastre. Era más un enfermo que un mal hombre: un enfermo de megalomanía. Quería ser como Mao Tsé-tung. Y destrozó al país durante 40 años. Así las cosas, el deporte era una de las pocas posibilidades de salir de la miseria. Había que mirarlo todo, amigo.

No se le ve a usted muy comunista, la verdad.

(Hábil...) Cualquier régimen tiene que asentarse sobre unas bases sociales. El comunismo y Ceausescu pensaron que iban a funcionar siempre: imposible. Tardaron en caer y Rumanía sufrió más que otros países. Ahora tenemos una mínima esperanza de que la cosa vaya mejor. Ya ve que la prosperidad de España no se ha hecho en un día.

Se les fueron gente como Nadia Comaneci, la reina de la gimnasia en Montreal 1976, y su entrenador, Bela Karolyi. Usted es ahora el presidente del Comité Olímpico de Rumania. Diga algo...

He hablado con Rogge para que Nadia Comaneci represente a Rumanía en el Comité Olímpico Internacional. Ella es ya presidenta de honor de nuestro Comité Olímpico. Rumanía es el décimo país del mundo por medallas olímpicas y sería de justicia que Nadia estuviese en el COI. Quiero que venga al Masters de Madrid y pienso que puede venir. En principio, hemos quedado que, si puede, vendrá. Al menos, un día. Ahora está en Las Vegas. Vive a medias entre Rumanía y Estados Unidos. Karolyi, no: está afincado en Estados Unidos para siempre.

Le hablaba de Comaneci. Ahora le hablo del dopaje. Diga también, presidente Tiriac...

Mi opinión es que hay que ir por delante de los que se dopan. Hay que tener pelotas y ser radical en este punto: suspensión de por vida para los que se dopan. Yo sé que eso no está acordado internacionalmente, pero mientras yo mande en el Comité Olímpico de Rumanía, el que se haya dopado, no irá más a la selección olímpica. Lo hice en Sydney con los levantadores de pesas, aunque Samaranch no se lo quería creer. En un equipo de rugby de Rumanía, el Baia Mare, hemos suspendido a 17 jugadores de por vida. El deporte, sin transparencia, no tiene chance de sobrevivir. Las medallas tienen que ser verdaderas. Si no, nada.

¿Qué recuerda hoy del Tiriac jugador?

Recuerdo las tres Copas Davis que perdimos contra Estados Unidos. Yo y Nastase, contra Stan Smith y un montón de americanos. El gigante Smith era invencible entonces. El mejor. Mira que hicimos cosas, pero fue imposible ganarles: ni en Rumanía, ni en América.

¿Y qué me dice de Boris Becker?

No sé por qué todos ustedes siempre terminan preguntándome por Boris: hace mucho tiempo que ni siquiera hablamos. Apenas sé de su vida. Se ha metido en algunos negocios que no le han ido bien, ha tenido esos problemas con las mujeres... la nuestra fue una buena época. Pasó, y a otra cosa.

Además de cazar talentos, búfalos, dólares y leones, ¿qué otra cosa le gusta hacer?

¿Se lo digo? Pues ver jugar al Real Madrid. Es un equipo único, una colección de estrellas de otro planeta.

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Bueno, pues usted, que tanto ha visto y que tanto manda, usted dirá adonde vamos en el plan que estamos...

No sé. Soy viejo. Como le he dicho, viví la II Guerra Mundial y lo que he visto después me enseña que las guerras no son solución para nada. También le digo que el terrorismo no tiene lugar en este mundo. Pero hay que mirar siempre las consecuencias de las cosas graves que se hacen y no castigar a gente inocente. Creo que Europa tiene que estar unida, porque Europa no tiene petróleo y en tecnología es muy inferior a China y Japón. Lo que yo quiero siempre es negociar las cosas: me lo ha enseñado la vida. Así he ido saliendo adelante. Y ya han pasado algunos años...

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