Teledesprecio público
Curiosos personajes los altos directivos de las televisiones públicas. Son marionetas asilvestradas sólo pendientes de cumplir las directrices políticas que les llegan de arriba y de comprar series milemillonarias a productoras amigas. Para lo demás no saben, no contestan, no tienen tiempo de responder. El director de TVE, al menos, no encontró una sola hora en nueve meses para gestionar con el presidente de la ACB las transmisiones de la Liga que debería iniciarse este fin de semana.
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Si el baloncesto no vende, si no le interesa a TVE, ha tenido nueve meses para decir que su oferta es cero. Es discutible, pero se entendería. Resulta inadmisible, en cambio, el desprecio del silencio. Y si la oferta es cero, entonces debe entrar el Gobierno ofreciendo alternativas a los clubes profesionales. Si se les obligó a convertirse en sociedades anónimas, a cumplir con Hacienda y con la legislación laboral, tienen derecho a un tratamiento especial en exención de impuestos para los patrocinios deportivos.
Su labor social e interés público son innegables. Pero en el fondo de todo sigue el debate sobre la utilización del tiempo y el dinero en las televisiones públicas. ¿Cuál debe ser su preferencia? ¿Informar al público sobre el puto de turno de Marujita Díaz o divulgar un deporte con asentamiento internacional que en España cautiva a cientos de miles de personas? Yo lo tengo muy claro, bastante más al parecer que los altos cargos de Radio Televisión Española.
