Kiko merece una disculpa
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Cuando era universitario, tenía un póster de Kiko en mi cuarto. En esa época, yo llevaba el pelo largo, camisetas con mensaje, una novela siempre en la mano y, por supuesto, renegaba del fútbol en cuanto una chica se dignaba a hablar conmigo. El problema surgía cuando alguna incauta entraba en mi habitación y descubría aquel cartel. Todas mis mentiras al descubierto. Tuve que elegir: integridad o mujeres. Y Kiko quedó archivado en una carpeta. Así me convertí en uno de los miles de desagradecidos que traicionamos al ídolo.
Kiko dejó el Atlético por la puerta de atrás, entre el desprecio del club y los insultos de la grada. Se olvidó el juego de a quien Sacchi (que algo sabe de esto) definió como "el futbolista total". Pero, sobre todo, se despreció a alguien que mató sus tobillos mágicos por unos colores, cuando, con 26 años, lo mejor aún estaba por venir. Este homenaje llega tarde, pero al menos llega. Yo no tengo ni idea de qué fue de aquellas chicas, pero sé que ya es la hora de sacar el póster del cajón.
