Algún día será Don Fernando
Se fueron ocho, pero el noveno pasajero no abandonó el crucero. Cuando el Málaga perpetró La II Desmantelación se acordó de no quitarle la última pata a la mesa. Privar al Málaga de Fernando Sanz es robarle el alma, pese a que el Chelsea lo intentó con un talonario sobrado de libras. Pero el madrileño es patrimonio de Martiricos, uno de los 10 futbolistas con más partidos en la historia de nuestro fútbol. Hace cinco años salió de la capital como hiciera el mítico Don Elías Figueroa a mediados de los 60. Aquel central chileno nunca pudo destilar su mejor fútbol en su tierra. No le dejaron. Tuvo que exhibir sus notables virtudes en Brasil y Uruguay. Es el sino de algunos futbolistas. El de Sanz, ser el jugador franquicia de este nuevo club. Para la afición es Fernando, un canterano más. Pero en Madrid sólo reconocen su apellido, Sanz. Y ese yugo de sangre es lo que le ha privado demasiadas veces del premio de vestir la camiseta de la Selección. No es ningún secreto.
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Ahora Fernando Sanz no se halla en su mejor momento. "Todos estamos en rodaje", dice. Madura y enseña a madurar a su vestuario. Es el líder de una caseta sin líderes. Habla en el campo y fuera de él: "Tapamos bocas". Y no se corta al señalar a quién. No tiene dobleces.
Figueroa regresó un día a su tierra siendo dos veces campeón de Brasil y tres de Uruguay. En Porto Alegre le hicieron una estatua y cuando llegó a Chile lo recibieron con un Don Elías. Fue un reconocimiento tardío, pero merecido. Algún día, también en esa casa del Madrid que ya no es suya, la gente tal vez reciba a Sanz con un Don Fernando. Y reconozcan que, quizás, se equivocaron.