Receta de Arsenio
Con orden en la primera parte y más talento en la segunda, el Deportivo ganó a un débil PSV. Pandiani volvió a marcar

El Deportivo ganó, afianzó sus opciones de estar en octavos y dejó seriamente tocado a un PSV que sigue sin sumar puntos en esta Champions. Con orden, paciencia y unas dosis de suerte, los de Irureta ganaron un partido en el que Pandiani volvió a marcar, Molina no encajó ningún gol y Diego Tristán, muy voluntarioso, dejó claro que su peor enemigo sigue siendo su baja forma física.
Arrancó el partido con un PSV descarado y venenoso. Van Bommel le buscaba las cosquillas a Naybet y a Andrade con pelotas a la espalda, donde surgían el veloz Kezman y el vertiginoso Rommedahl que, a los dos minutos, ya había marcado al marroquí con una amarilla. Mientras otros entrenadores marean a sus jugadores con enredos de pizarra, Hiddink sacaba el máximo rendimiento a los suyos con un viejo truco: que corra el balón para que corran los más rápidos.
Pero la aparición de Valerón aplacó parte de la inquietud de la grada. El Flaco tenía demasiadas ofertas para tocar en corto, pero muy pocas para jugar en largo, lo que convertía el fútbol de ataque local en previsible y plano. Hasta que el canario se sacó de encima a Van Der Schaaf, presunto mediocentro con tufillo de marcador, y comenzó a tensar el ataque por la izquierda con Luque. El Depor, demasiado obsesionado en tapar el destino de las diagonales del PSV y muy poco preocupado por tapar su origen (Van Bommel estuvo muy suelto), se hizo con la pelota. Mauro anticipó soluciones a los problemas tapando las líneas de pase al capitán holandés, algo que permitió a Sergio arrimarse a Valerón y eso lo agradeció el juego del equipo, que ganó en velocidad a la hora de conducir la pelota al área rival. Sin embargo, fue un golpe de suerte, quizás la que le faltó en Pamplona, el que puso de cara el encuentro para los de Irureta. Un disparo de Sergio en una falta ensayada (no muy bien, por cierto) golpeó en un defensa y acabó en las redes de Waterreus. Un respiro para un Depor muy asfixiado durante la primera parte.
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Para el segundo tiempo, Jabo compró talento (Fran) y perdió gol (Luque, que se fue tocado). Fue algo que quedó claro al minuto de juego, cuando el de Carreira regaló un pase a Pandiani, que el charrúa erró en el mano a mano ante Waterreus. Pero el Rifle mantuvo su promedio de gol por partido y anotó su séptimo tanto al transformar un claro penalti de Ooijer a Valerón. Segundos después, era sustituido por un Tristán al que Riazor recibió calurosamente. Jabo volvió a apostar por el talento.
Decía Arsenio Iglesias que el fútbol es una mezcla de orden y talento e Irureta aplicó la receta al pie de la letra. Orden en la primera parte y talento en la segunda. Dos jugadas a balón parado fueron suficientes para tumbar a un PSV tocado que, además de verticalidad y velocidad, echó de menos su juego por las bandas. Con el 2-0, Hiddink se desdijo y relevó al primitivo Van Der Schaaf por el prometedor Robben. Pero llegó demasiado tarde.