Atletismo | Retirada

El asma es ya el único rival de Cathy Freeman

"No tenía instinto asesino, ya no me enfadaba al ser quinta. Por eso, y por la polución de Atenas, dije adiós al atletismo y a los Juegos 2004"

<b>EMBAJADORA.</B> Freeman nos recibió en Viena, donde promociona a la multinacional Astra Zeneca.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

A los 30 años, Catherine Freeman, la aborigen australiana del desierto de Queensland que conmovió al mundo en Sydney, ha dado su adiós oficial a las pistas. Ahora, Cathy, vigente campeona olímpiva de 400, ha abierto una nueva etapa en la que se incluyen la separación de su marido, Sandy Bodecker, y una intensa campaña junto a la multinacional Astra Zeneca para concienciar a los atletas asmáticos.

Su vida se desarrolla en una secuencia de shocks. Cuando tenía 17 años y acababa de ganar su primera medalla de oro en el 4x100 de los Juegos de la Commonwealth, en 1990, su hermana mayor, Anne Marie, murió de un ataque de asma. El dolor de Cathy fue tal que quiso enterrar la medalla en la tumba de Anne-Marie, pero su madre alegó que "Anne Marie hubiera preferido que la medalla se quedara en casa". Fue la guirnalda de flores de la Commonwealth la que se quedó junto a Anne Marie.

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Tras ese golpetazo llegó la dolorosa separación de Nick Bideau, un poco antes de Sydney. Bideau se fue con la irlandesa Sonia O’Sullivan, a quien Freeman calificó de "diabólica". El futuro de Cathy era desalentador, pero la doble campeona mundial en Atenas y Sevilla encendió el pebetero en Sydney y luego ganó el oro que sacudió a Australia, enarbolando la bandera de los aborígenes. El sol, la sangre, la tierra y la piel negra. "Hay mucho que mejorar en la vida de los indígenas australianos. Nadie se imagina el trauma que me supuso lo de Sydney y el no haber podido expresar libremente mis sentimientos", recuerda Cathy, que se había tatuado en el hombro: Cos’I’m Free (Porque soy libre.

Ahora, recién separada de Sandy Bodecker, su segundo marido, Freeman es embajadora de Astra Zeneca. "Decidí dejar el atletismo en junio y renunciar a los próximos Juegos en el Memorial Prefontaine. Quedé quinta y ni me enfadé. Vi cómo me pasaban, en la pista y en la cabeza, una serie de fantasmas. Había perdido todo el instinto asesino. Además, Atenas es una de las ciudades con más polución del mundo", dice Cathy al narrar algunos de sus episodios asmáticos. Los más graves, en 1991, precisamente durante los Campeonatos del Mundo atenienses. "El ejercicio físico duro y un calor polucionado como el de allí me inducían el asma", avisa Freeman. Ella ya es libre de eso, de Bideau y de Bodecker. Del asma, no: Cos’I’m Free.

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