Primera | Sevilla 1 - Murcia 0

Antoñito salvó al Sevilla

El Murcia aguantó heroicamente el asedio de los sevillistas, hasta que Antoñito, en la prolongación rompió la muralla

<b>EL GRITO DEL HÉROE</B>. Antoñito muestra su júbilo tras marcar el gol del triunfo junto a Reyes y Darío Silva.
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El balón rondaba sudando por los tejados de la casa del Murcia. Juanmi, un coloso, la defendía con dientes afilados y contaba con la ayuda de Roteta y Cuadrado, y todos sus legionarios de rojo. El Sevilla chorreaba energías y veía cómo sus intenciones se escapaban por los bordillos. El reloj decía que aquello, un choque bronco y áspero, llegaba a su fin, que los dos equipos podían tener el mísero botín de un punto. Pero un partido tiene noventa minutos y en el alargue (hasta el rabo todo es toro...) Antoñito hizo la pared con Darío Silva, éste se la devolvió y en el recorrido surgió la pierna de Roteta para ponerle el cuero muy fácil a Antoñito. Hasta ahí todo casi bien. Casi. Pero la pelota le llegó a Antoñito, un genio del balón al que la suerte le llevaba dando latigazos en los últimos tiempos y, tras dos pifias consecutivas (noche del Depor, tarde del Mallorca) quería condenar a la joya del Políngano al ostracismo. Pero los duendes del balón entienden mejor que nadie de estos asuntos, y Antoñito, que reúne las mejores condiciones para ser un crack de arriba abajo, se negó en redondo a entregar los trastos. Por eso levantó la pelota lo justo para que Juanmi, un león, no pudiese hacer absolutamente nada para impedir la derrota murcianista.

Pero noventa minutos antes, el partido había tenido color difuso. El Sevilla buscaba con ahínco los tres palos que defendía Juanmi, pero lo hacía a capón, sin excesiva sutileza. Los de Caparrós pusieron muchas veces el coche en punto muerto y se dejaron ir cuesta abajo, sin ver los árboles ni los socavones... ni el precipicio. El Murcia, bien plantado atrás y en los medios (como todos los equipos que adiestra Peiró), esperó al adversario en su trinchera, sin sacar la cabeza más que lo preciso, controlando el riesgo y esperando el desgaste físico (y anímico) de los sevillistas. Los blancos sólo hacían cosquillas por los flancos (con Gallardo y Reyes) y por el centro sufrían para mantener el control. Dura estaba la pelea de Casquero y Martí (que se agigantaría en el último cuarto) con Roberto y Jensen, y el asunto no terminaba de definirse para la orilla local. Con todo, el Sevilla dispuso de un par de ocasiones para encarrilar el choque. Pero en una, tras escaparse Darío de su marcador, Reyes se atragantó en el remate y sólo arañó el cuero. En otra, Carlitos marcó pero el juez de línea (por una pierna) señaló fuera de juego del el ex bermellón. Casquero tuvo protagonismo en los remates, lo mismo que Martí, pero Juanmi mostró muy buenas manos.

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La brújula no varió un metro en la segunda mitad. La empeoraron los blancos. O la mejoraron los pimentoneros. Los de Caparrós seguían con las luces apagadas y las ideas rotas. Lo contrario que el Murcia, con Michel, Luis García y Fredi poniendo en un brete a los locales. En una, Fredi le buscó las vueltas a Daniel Alves y el asturiano, cedido por los blancos, le puso el corazón en el gaznate a los dueños de su licencia federativa. Los últimos minutos fueron raciales. Pero ganó la sutileza. Era el minuto de Antoñito.

Baptista obró el milagro y jugó

Hace menos de dos semanas, Julio Baptista tuvo que retirarse del partido que el Sevilla jugaba contra el Depor. sufría una roturita de fibras, según los galenos. La lesión suele durar un mes. Pero la fortaleza enorme de Julio Baptista obró el milagro. Fue una Bestia.

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