El dinero público mantiene el deporte
El deporte, incluso el profesional, suele estar sustentado por dinero público. Hoy en día, ni siquiera los clubes de fútbol, salvo contadas excepciones, pueden sobrevivir de sus propios recursos, entre los que se cuentan los patrocinadores privados. Si esto ocurre en el fútbol, la situación aún es peor en el resto de los deportes, sin apenas taquillas ni televisión que puje por transmitir sus acontecimientos. La situación se complica porque en el debe aparecen elevados contratos a deportistas de élite para mantener en el conjunto un alto nivel competitivo incluso en las competiciones internacionales.
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Aparecen entonces los organismos públicos para echar una mano. Les ceden instalaciones, terrenos y les subvencionan con dinero. Ayer mismo, el Ayuntamiento de Madrid aprobó la cesión de dos parcelas al Estudiantes por valor de diez millones de euros, y el Gobierno Balear confirmó que está a punto de hacerse con el ibanesto.com por seis. En el ciclismo hay precedentes: el Gobierno Vasco mantiene al Euskaltel y la Generalitat de Valencia, al Kelme, mientras que la de Almería y el Ayuntamiento de Fuenlabrada aportan casi la mitad de los presupuestos del Paternina y Relax, respectivamente.
Las entidades públicas obtienen a cambio la promoción de sus zonas o localidades, al margen de que haya comunidades que apuesten por el deporte más que otras a través de ayudas oficiales. Baleares, hasta ahora, estaba a la cola, pues acabó la temporada con dos equipos en las máximas categorías, el Festival Park en la liga masculina de voleibol y el Santa Eulalia en la femenina de baloncesto. Muy poco en comparación, por ejemplo, con Canarias, presente con ocho equipos masculinos y siete femeninos repartidos en seis ligas. Todo es cuestión de si hay política deportiva o no.
