Yo digo Juan Mora

Sierra Nevada sólo fue juez en el 81

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

Cada vez que se incluye Sierra Nevada en el recorrido de la Vuelta, se hace con la mejor de las intenciones. Una ascensión de 30 kilómetros y que sube desde los 770 metros hasta los 2.510 —tan sólo 135 menos que el Galibier—no deja de ser territorio apto para la gran batalla por mucho que la pendiente nunca sea exagerada. La etapa podría detenerse en Pradollano, a 2.100 metros, pero no, continúa por la carretera del Veleta hasta donde comienza a notarse que llega menos oxígeno a los pulmones según se avanza en el esfuerzo. En teoría hay terreno para armar el taco.

Noticias relacionadas

Pero resulta que no. Sierra Nevada se ha subido ocho veces y sólo una fue decisiva para el desenlace de la Vuelta. Fue en 1981, cuando Battaglin ganó la etapa, se puso líder y su ventaja de 43 segundos sobre Pedro Muñoz y de 2:20 minutos sobre Belda le dieron alas para adjudicarse la Vuelta por unas diferencias respectivas de 2:09 y 2:29 minutos ante ambos corredores. En aquella subida hubo una gran diferencia con respecto a la de otras ediciones. Aquella etapa, Granada-Sierra Nevada, octava de la Vuelta, se disputó contrarreloj. Cuando la ascensión es en línea no suele haber grandes ventajas.

Mucha culpa de ello la tiene el excelente asfaltado de toda la subida. Las ruedas no se agarran, sino que se deslizan, lo que reduce el esfuerzo. Los corredores ruedan más que suben y esto permite establecer tácticas de equipo que impiden grandes ataques. La dificultad de una ascensión no la determinan sólo los porcentajes, sino también las características del recorrido, como sucede en el Tour, que suele coronar los puertos por carreteras secundarias, estrechas y de piso rugoso. En esto, la Vuelta se equivoca. No hay más que ver los 100 kilómetros de autopista que metió en la etapa del domingo para nada.

Te recomendamos en Polideportivo