Fútbol femenino | Mundial

La reina quiere obrar otro milagro

<B>MIA HAMM</B>. Tiene 31 años y afronta el penúltimo reto de su carrera, que se apagará en Atenas el próximo agosto.
Héctor Martínez
Subdirector de AS
Nació en Madrid en 1969. Licenciado en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad San Pablo CEU. Entró en el Diario AS en 1991. Hasta 2017 ejerció como redactor en las secciones de Baloncesto, Cierre, Más Deporte, Fútbol y Motor. En 2016 es nombrado redactor jefe de la sección de Motor. Desde 2017 es subdirector del diario.
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Mia Hamm es una heroína, pero una heroína triste que cada vez sonríe menos. Tiene 31 años y afronta el penúltimo reto de su carrera, que se apagará en Atenas el próximo agosto. Lo ha ganado todo, dos Mundiales (1991 y 1999), unos Juegos Olímpicos (1996) y dos trofeos de mejor jugadora FIFA del año, pero parece no haber ganado nada. Habla resignada. "Está visto que el fútbol no tiene suerte en este país. Me da pena. Tenemos que reconocer que las circunstancias económicas no son las de 1999. La Liga femenina ha desaparecido, pero vamos a seguir luchando por hacer posible que el fútbol triunfe en Estados Unidos". Lo suyo es un intento por conquistar un castillo en el que las almenas, en lugar de estar más cerca, están cada vez más lejos. Nadie ha podido con esa fortaleza edificada con béisbol, fútbol americano y baloncesto. Ni siquiera Pelé o Cruyff. Ni siquiera Hamm, producto nacional bruto que consiguió colar las barras y estrellas en el mundo del balompié, en el que el único Imperio que hay fala portugues. El Mundial de Estados Unidos no arranca bien, ya que de las 600.000 entradas disponibles sólo se han vendido 290.000, pero muchos creen que la maravillosa Hamm, licenciada en Ciencias Políticas y con pasta de líder, volverá a obrar el milagro, como cuando lideró aquella selección que congregó a 90.000 aficionados en el Rose Bowl de Pasadena en la final de la Copa del Mundo-99. Hamm no tira la toalla. Era la primera que no creía que iba a poder llegar al Mundial cuando se lesionó gravemente la rodilla. Y menos aún cuando se divorció del que fue su marido (piloto militar) durante seis años. "Mis amigos y mi maravillosa familia me ayudaron a salir adelante. Ahora tengo muchos planes en mente", dice. El primero, ganar el Mundial. El segundo, casarse a finales de año con el jugador de béisbol Nomar Garciaparra, de los Boston Red Sox. En USA, el fútbol será soccer (con minúsculas muy minúsculas) por los siglos de los siglos... Pero Hamm se lo ha currado.

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