2-0 y al Corralito
Un Ferrero imperial y un Moyá favorecido por los calambres de Mariano Zabaleta, que iba en ventaja, colocan a España a un punto de la finalísima


Se esperaba a Gaudio, un Gato Rebotado, y nos topamos con lo que los mismos argentinos definieron como un Niño Grande con la cabeza perdida. Se esperaba la victoria de Zabaleta, que estampaba a Moyá sobre la tierra como un rodillo... y los carrerones y angustias del citado Zabaleta le llevaron al colapso entre una humedad relativa cercana al 70%. Es el colapso de Argentina, cuya ilusión de Copa Davis ya está en El Corralito: me verás, pero no me catarás.
Lo del Gato Rebotado y lo del Corralito son efectos económicos de la delicada situación que vive Argentina. Gato Rebotado se define a la economía que rebota impensablemente tras caer por un precipicio abrupto. Pensando que esto era Argentina y que venía el Gato Gaudio, pues...
El Gato sólo se rebotó, y casi ni eso, cuando su hermano Diego, que va para productor de cine, se enfadó con un argentino de la grada. ¿De la grada, o de la explanada? ¿Qué dijo ese argentino despechado al hermano de Diego Gaudio? Pues... Pecho Frío. Y, ¿por qué?
Porque Ferrero, más elástico que cualquier felino, sometió a Gastón Gaudio a una humillación tan inolvidable que heló el alma y el pecho del tenista semigallego de Temperley... y de la grey albiceleste. Había 2.500 argentinos, más o menos, pero aquella explanada tubular en el centro de ninguna parte parecía la calle Corrientes. Hasta que Ferrero se enfadó, claro.
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La clave, como dijo Ferrero, fue el larguísimo primer set, donde Gaudio tuvo 3-1 y 40-15, con su saque. Ya no ganaría ningún otro servicio. El resto del partido fue 17-1 para Ferrero, que ganó los 14 últimos juegos. Por los golpes imperiales del número uno del mundo, por hacerlo todo mejor. Gastón dijo después que le había dolido el codo. Pero lo que le dolía era el alma, por la paliza y por lo de Pecho Frío: "Nunca dudé de que Ferrero mereciera el número uno del mundo", aclaró Gaudio. Correcto.
Luego irrumpió la Copa Davis: tormento y éxtasis en el polvo de ladrillo. Zabaleta bajó a Moyá a la tierra. Charly daba sensación de lentitud y poca adaptación ante la agresividad del Puma de Tandil. Del Gato al Puma, pero sin Coria. El Puma se estropeó de tanto sudar en esa caldera infernal con humedad entre 60 y 70%: Zabaleta ganaba por 7-5, 6-2 y 2-2. Moyá luchaba. Y ahí se agarrotaron masivamente los gemelos del Puma, que colapsó hasta las zapatillas: suele pasarle en la Davis. Moyá lo rebanó con un parcial de 16-1. Mañana de terror en España, titulan hoy en la Argentina... del Corralito.