El gigante crece aún
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Cualquier jugador del planeta basket lo tiene claro: si no puede entrar en la NBA, intentará la ACB. Tenemos aquí la segunda mejor liga del mundo. Y, con permiso de los comehamburbebecolas que nos rodean, diré más: por sistema de competición, igualdad, diversidad táctica y, naturalmente, cercanía de nombres y hombres, prefiero la ACB. En la NBA hay mejores individualidades, mejores atletas, más velocidad y fuerza. Pero el interés de los partidos es menor hasta que llega el playoff por el título. Y, dentro de poco, quizá ni eso. Salvo excepciones, los encuentros de la Regular Season americana son plúmbeos, tediosos. Nuestro gigante nacional, en cambio, sigue creciendo.
Olvidaba algo muy obvio en lo que nos superan los yanquis: merchandising. O, dicho en cristiano, la venta del muñeco. En televisión y publicidad sí que estamos a siglos luz de ellos. Pero incluso en esa virtud tienen su penitencia: la estrella les ha comido el equipo. Me explico. Las grandes firmas de atuendos deportivos (Nike, Reebok, Adidas, etc) promocionan tanto a la estrella de turno, al hombre-anuncio, que los aficionados se enamoran del mito y pierden interés por los conjuntos. Ni siquiera Larry Bird fue más que Boston Celtics, o Magic Johnson más que los Lakers. Pero con Air Jordan cambió todo. Y sigue con ONeal o LeBron.
