Liga de Campeones | Aek 1 - Deportivo 1

A lo bonzo

El Depor tiró el triunfo en el infierno de Atenas tras hacer un buen partido y no rematar a un AEK donde sólo brilló Tsartas

<b>DECEPCIÓN FINAL</B>. El Deportivo se adelantó por medio de Pandiani, pero vio como Tsartas le empató en los últimos minutos un partido que tenía prácticamente ganado.
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El Deportivo es un equipo de fútbol. Bajo esta afirmación, que se antoja intrascendente, se esconde una gran noticia para Irureta. Y de paso, un mensaje inquietante para sus rivales. Jabo ha curado a sus chicos del eterno complejo de inferioridad que siempre asomaba ante equipos menores. Pero hay más buenas noticias. El efecto ha trascendido al terreno individual. Pandiani es un claro síntoma de ello. Su fe en sí mismo ha disparado sus prestaciones hasta límites insospechados. Delantero de la escuela stajanovista, el charrúa cuenta sus intervenciones esta temporada por goles. Cuatro de cuatro.

Pues bien, el Deportivo visitaba ayer el hostil Apostolos Nikolaidis para medirse al AEK, conjunto menor en el que Tsartas ofrece sus últimas lecciones maestras. El griego es un futbolista de salón, al que le toca afrontar faenas de entidad con una cuadrilla que no acompaña. El Depor dejó claro que en el terreno de juego el calor lo pondría él. Y así Luque, jugador de selección incluso como extremo, avisó en el primer minuto con un disparo malintencionado. Pero el oremus de este equipo es la defensa. Naybet ha vuelto a asumir los galones en una zaga a la que la entrada de Andrade ha dotado de la velocidad y personalidad en el juego aéreo que tanto echaba de menos. Pero sería injusto personificar, porque Héctor es, con permiso de Míchel Salgado, el lateral más en forma del fútbol español, Mauro Silva ha rejuvenecido diez años y Molina ha vuelto a ser un gran portero dentro del área pequeña y un gran líbero fuera de ella. Con esos mimbres se plantó el equipo blanquiazul en el infierno griego. Echó la pelota al suelo, ensanchó el campo heleno y marcó el tempo del encuentro según las exigencias del mismo.

Apenas habían pasado diez minutos, suficientes para que quedase plasmada sobre el campo la superioridad gallega, cuando un córner cargado de veneno fue cabeceado a la red por Pandiani en el primer palo. El infierno se heló y a Irureta se le escapó una sonrisa, porque había vuelto a acertar otra vez en el dilema del nueve.

De ahí al final de la primera parte, el partido se convirtió en un ejercicio de autosuficiencia deportivista, al que sólo le faltó el pequeño detalle de apuntillar al rival con otro gol. Pero el Depor parece haber contraído una rara enfermedad que le impide rematar al enemigo cuando está herido. Así, los griegos se fueron viniendo arriba en la segunda parte y dispusieron de dos ocasiones clarísimas para empatar ante un equipo que había perdido el balón y, con ello, su razón de ser.

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Y ya se sabe que quien juega con fuego, se acaba quemando, y si encima lo hace en el infierno, es que es un pirómano. Dicho y hecho. En el minuto 85, la pelota le cayó cerca del área al único futbolista capaz de meterle un gol a alguien en este AEK: Vassilis Tsartas. Pero el Deportivo anoche se autoinmoló en el infierno de Atenas o quizás se quemó a lo bonzo. No está muy claro, pero lo cierto es que presenta quemaduras de tercer grado y se las produjo él solo.

EL DETALLE: McCurry no vio esta mano

El árbitro escocés Thomas McCurry no indicó ayer dos claras manos, una en cada área. En la primera parte, Kreek, con su mano por encima de la cabeza, golpeó con claridad un balón colgado, pero McCurry no vio el penalti en el área del AEK. Sergio, en la segunda parte, cortó un balón con el codo.

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