Yo digo Juan Mora

Los buenos y los mejores

Juan Mora
Importado de Hercules
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Pasadas las primeras felicitaciones por la medalla de plata del baloncesto —no podía ser menos— llega la hora del análisis. Un lector, Carlos Ros Marqués, advierte de las diferencias entre ser bueno y ser el mejor: "Si Brasil queda segunda, llora; si el Madrid sólo gana la Liga y pierde la Champions, está de luto en su celebración". Nuestro lector acusa a la Selección de baloncesto de no tener instinto asesino, de falta de ambición y de carecer de un plus ganador. Pues voy a estar de acuerdo con él. Gasol, en El País, también se mostraba crítico: "Teníamos la capacidad necesaria para ganar".

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Pero no ganamos. Y es ahora, después de haber celebrado la medalla, cuando se han de reconocer las cosas. A nuestra Selección se le encoge el brazo cuando llega la hora de ganar, como le sucede a muchos tenistas. Lituania no metía miedo y nos ganó de carril. Gasol, Navarro y Garbajosa le hicieron frente, pero ¿y los demás? Tres contra todo un equipo nunca pueden ganar. Sus compañeros no dieron la talla en el momento que había que jugar y tener instinto asesino. Se les encogió el brazo. No supieron ser campeones. Demostraron ser del tipo de jugadores que no deciden nada.

En el deporte se dan muchos tipos así. Isidro Nozal es uno más de ellos. Más sinceridad no cabe en sus confesiones a Guti: "Soy un gregario, el líder es Igor y seguiré cerca de él. El ciclismo, para mí, está en un plano secundario". Flaco favor ha hecho Nozal a la Vuelta y al ciclismo. Creíamos que iba camino de héroe y resulta que está de actor secundario. El deporte, por muy profesional que ya sea, no puede consistir sólo en fichar, trabajar y cobrar. Ese no es el deporte que emociona y apasiona. Ese deporte no interesa y no merece ni siquiera ser televisado. Esto es lo que le faltaba a nuestra Vuelta.

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