De la Castellane a la Castellana
Zidane es el ídolo de Marsella y su imagen aparece hasta en las fachadas, pero mañana será el enemigo a batir

Zinedine Zidane es un icono de Marsella, como lo puede ser la basílica de Notre Dame de la Garde o el Castillo de If, donde sufrió injusta y cruel prisión el novelesco Conde de Montecristo. La imagen del jugador marsellés aparece hasta en las fachadas de la Corniche President Kennedy y el partido de mañana entre el Real y el Olympique despierta un raro sentimiento entre los aficionados de aquí, para los que Zizou es su ídolo a pesar de no haber vestido nunca la camiseta del OM.
La relación es recíproca, porque Zidane se declara hincha del OM y reconoce abiertamente que le gustaría jugar alguna vez en ese equipo antes de colgar las botas. Lo más cerca que estuvo fue en diciembre de 1997, cuando disputó en el estadio Velodrome un Europa-Resto del Mundo. Marcó uno de los dos goles europeos (que acabaron recibiendo cinco tantos) y cada vez que tocó el balón el estadio le coreó, como si de un torero se tratara, con gritos de "olé".
Zidane nació en el deprimido barrio de la Castellane, al norte de Marsella, a donde los propios marselleses te recomiendan, por el peligro que ello entraña, no ir nunca "salvo que sea en tanque". Treinta años después, Zizou triunfa en la Castellana, que es la zona más lujosa de Madrid. En la Castellane jugaba en sus calles, porque no había otro lugar en el que poder hacerlo; en la Castellana juega en uno de los templos del fútbol mundial.
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El porqué ningún cazatalentos del OM se fijó en este hijo de argelinos, que desde el primer momento apuntaba para figura, no deja de ser un misterio. Lo cierto es que su primer equipo fue el Sports Olympiques Septemes, una pequeña localidad de las afueras de Marsella. Su entonces entrenador, Alain Le Peu, jamás tuvo dudas: "Sabía que sería una figura y no me he equivocado". Del Septemes, al Cannes, para jugar como profesional cuatro temporadas. Del Cannes, al Girondins de Burdeos, en el que estuvo otras cuatro temporadas. Y del Girondins, a la Juventus, cuya camiseta defendió durante cinco temporadas, hasta que Florentino Pérez se empeñó en llevárselo al Real Madrid.
Si Marsella entera está pendiente de lo que el OM haga mañana frente al Real de Zidane, la devolución de visita será la locura colectiva. Pocas ciudades viven el fútbol con el apasionamiento de Marsella, un conglomerado de razas, culturas y religiones. El Olympique empieza ahora a levantar cabeza y sueña con revalidar el título europeo que conquistara en 1993. Paradójicamente, Zidane, su hijo predilecto, se interpone en el camino.