La Vuelta no es el Tour
«Aubisque, Soulor, Cauterets. Son cimas clásicas de los Pirineos franceses. La Vuelta vivió una etapa del Tour cien por cien. Pero el hábito no hace al monje. El desenlace de la carrera no tuvo el más mínimo parecido con el que suele acontecer en la primera gran etapa de montaña del Tour. En el Tour queda claro quién manda en cuanto llega la montaña. Se aprovecha que las fuerzas están aún íntegras para asestar un golpe que haga mucho daño a los rivales. Hay una táctica, un orden, una disciplina. La Vuelta se metió en el recorrido del Tour para ser una gran Vuelta, pero aún no se sabe lo que es.
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«Por lo pronto ganó Rasmussen para gloria del ciclismo danés. Los escaladores natos no lograron recortarle ni un segundo en toda la ascensión. Primera lectura: a los escaladores no les sobra ni un gramo de fuerzas. A Rasmussen, corredor del Rabobank, le siguió Cárdenas, del Labarca, un modestísimo conjunto de reciente creación. Segunda lectura: ¿dónde estaban los equipos grandes? Entraron después un US Postal y un Cofidis. El primero era Beltrán; el segundo, Luis Pérez. Dos españoles en equipos extranjeros. Tercera lectura: a los ciclistas extranjeros no les interesa nada la Vuelta.
«La prueba de que no les interesa nada es que los equipos allende nuestras fronteras que han venido a la Vuelta están llenos de corredores españoles. Vemos un Fassa, y resulta que es Aitor González, vemos un CSC y es Sastre, vemos un Bianchi y es Casero, vemos un Saeco y es Astarloa, vemos un Domine y es Perdiguero, vemos un Phonax y es Pereiro, vemos un Milaneza y es Edo, vemos un Quick y es Horrillo. Así hasta 32. Y luego va Rasmussen y gana en la montaña. Y los escaladores no logran arrebatar el liderato a Nozal, que se pasó el día tirando de Galdeano. Esta Vuelta no hay quien la entienda.
