Petacchi no para
El italiano logró su segundo triunfo en la Vuelta. Edo fue segundo. Sevilla volvió a tener problemas. Hoy, primer día clave: crono de 44 kilómetros

Petacchi cruzó la meta abriendo los brazos, después hizo la uve de la victoria o indicó su segundo triunfo en la Vuelta, no está claro, y luego, como tenía tiempo, le dio por repasar su palmarés y enseñó seis dedos por sus tantos éxitos en el Giro, cuatro por los del Tour y dos por los que suma en la Vuelta. Al final ya no se sabía si estaba enviándonos un mensaje cifrado o intentaba aterrizar un avión. Le quedó espeso. Es evidente que le faltan dedos y le sobra tiempo.
A todo esto, Ángel Edo bastante tenía con seguir la rueda del Centro Emisor Petacchi. No pudo ni esprintarle, ni amagar, y estoy por decir que el italiano no sabía ni que estaba allí. Esto es lo peor, la cochina indiferencia. Ambos se quedaron solos después de que el pelotón se cortara por una caída en la que nada tuvo que ver la Benemérita, conste.
Si estaría feliz Petacchi por su triunfo que aseguró que no tiene previsto retirarse ante la proximidad de los Pirineos y que piensa llegar a Madrid, en bici, se supone. Si esto es cierto (que no lo será) nos esperan nuevas demostraciones digitales.
La jornada fue un frenesí, una ilusión. Un frenesí, porque se promediaron 50,152 kilómetros a la hora, la tercera etapa más rápida de la historia de la Vuelta; el récord se consiguió en 2001 entre Logroño y Zaragoza: 55,176 (ganó Igor). Si fue una ilusión es porque no pasó nada, a pesar de los abanicos. Pero el viento de ahora ya no es como el de antes, que se llevaba a Pino; ignoro si será el cambio climático o los frús-frús.
Quien peor lo pasó, sin duda, fue Óscar Sevilla. Y no por los abanicos, sino por la existencia en general. Con la cadera hinchada, sufrió muchísimo para seguir en el grupo y no sería extraño que en los Pirineos echara pie a tierra. Sería una lástima, porque tiene todo para ser el ciclista favorito de la gente, menos la suerte.
La contrarreloj de hoy, de 44 km, puede dejar el panorama muy despejado, hasta el punto de que sólo queden Heras e Igor. Eso, claro, si no resucitan Aitor y
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Casero, se marcan una crono de fantasía y se meten en la pomada (nunca hay que rendirse amigos, aunque andamos cerca).
Para Igor será la primera oportunidad de sacar tiempo, que debe ser mucho si pretende resistir los ataques en la montaña. Para Heras y los banestos será una tortura. Para las sorpresas será el momento. Hoy sólo descansarán los dedos de Petacchi.